El costo de tener las carreteras más ‘vip’ del país: acceso denegado
Parece que jugar a ‘¿Podrás pasar?’ se ha vuelto el deporte nacional favorito, pero en la vida real y con consecuencias que duelen más que perder una partida. El sector terciario, ese que mueve la economía mientras nosotros scrolleamos en TikTok, acaba de sacar la calculadora y el resultado es para tirarse de los pelos: las pérdidas por los 29 cierres y bloqueos viales en 17 estados han alcanzado la astronómica cifra de seis mil millones de pesos. Sí, leíste bien, miles de millones. La Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco-Servytur), que debe estar manejando niveles de estrés comparables a los de un padre en un concierto de Bad Bunny, fue la encargada de soltar este bombazo. Y por si creías que exageraban, aclararon que esta es una “estimación prudente”. O sea, la situación probablemente está más fea que mi historial de Netflix.
Todo este caos vial, que se desarrolló entre el 19 y el 26 de noviembre, no fue solo un inconveniente para los viajeros; se tradujo en costos operativos disparados, cadenas de suministro hechas un desastre y una paciencia colectiva que se agota más rápido que la batería de un celular. La confederación, con una calma que merece un Oscar, explicó que buscan “dimensionar el daño económico mientras se construye una salida negociada que no siga cargando el costo sobre empresas y hogares”. En cristiano: “Basta, ya, paren el desmadre, que esto nos está saliendo más caro que suscripción a todas las plataformas de streaming juntas”.
El plan de rescate: Menos bloqueos, más logística
Ante este panorama más complicado que entender las reglas de un nuevo meme, la Concanaco no se quedó de brazos cruzados. Su primer grito desesperado fue un llamado a “retomar de inmediato el diálogo y liberar los corredores logísticos“. Porque, spoiler alert: cuando las carreteras principales parecen un estacionamiento, la movilidad y la actividad económica de regiones enteras se van en picada. Su propuesta es tan sensata que duele: establecer reglas claras en la mesa de negociación, con una facilitación neutral y una agenda que se centre en la seguridad carretera. Básicamente, piden que deje de ser el Lejano Oeste y se convierta en un proceso con algo de orden.
Pero no se quedaron en la queja. Plantearon un plan de acción con puntos más específicos que un influencer dando recomendaciones de vida. El primero es conformar, ya mismo, una mesa técnica con todos los actores: las organizaciones en desacuerdo, autoridades federales, estatales y las cámaras empresariales. La idea es tener objetivos y tiempos definidos, porque sin deadlines, esto puede alargarse más que una temporada de una telenovela turca.
El segundo punto es de pura lógica: establecer corredores de libre tránsito con horarios y puntos de resguardo, dando prioridad a lo esencial: carga de alimentos, medicinas y bienes de primera necesidad. Porque por mucho que se proteste, la gente sigue necesitando comer y tener acceso a medicamentos, algo que parece obvio pero que a veces se olvida en medio del caos.
La tercera propuesta es tan moderna que casi pide ser una app: que el gobierno cree un mecanismo público de información para que, en tiempo real, todos podamos conocer el mapa de cierres, los tiempos de respuesta y las rutas alternas. Imagínate, un Waze oficial para esquivar protestas. Sería el sueño de cualquier conductor.
Y el cuarto punto es el remate maestro, una lección de civismo que todos necesitamos repasar: debe haber un respeto mutuo de derechos. En palabras que hasta nuestro meme favorito entendería: “el derecho a la libre manifestación no debe anular el derecho al trabajo, al libre tránsito y al ingreso de las personas”. O sea, tu derecho a protestar termina donde comienza el derecho de los demás a llegar a su casa o a su trabajo sin tener que hacer un desvío de 50 kilómetros.
¿La moraleja de esta historia? Que el descontento social tiene un precio, y al final, ese precio lo terminamos pagando entre todos, desde el pequeño comercio hasta el consumidor final. Un circle of life bastante poco Disney.
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