El arte de la reunión infinita
En un alarde de diligencia que nos deja a todos boquiabiertos, la Secretaría de Gobernación, bajo el magistral liderazgo de Rosa Icela Rodríguez, ha anunciado con bombos y platillos que ha realizado la impresionante hazaña de… sostener más de 200 reuniones. Sí, han leído bien. Dos centenares de encuentros donde, sin duda, el café y los documentos circularon con la misma fluidez con la que no circulan los camiones en las carreteras bloqueadas.
¿El objetivo de esta maratón burocrática? Atender las inquietudes de los productores agrícolas. Porque, como todo el mundo sabe, nada calma más los ánimos exaltados que una buena sesión de mesas de trabajo. Mientras tanto, la Guardia Nacional y la Secretaría de Infraestructura aparentemente estaban tan ocupadas en estas fructíferas conversaciones que, por arte de magia gubernamental, solo un grupito de malhumorados transportistas decidió manifestarse. Los demás, según el comunicado oficial, estaban tan encantados con el diálogo que se “deslindaron” de los bloqueos. Claro, porque cuando estás satisfecho con las soluciones recibidas, lo lógico es cerrar las principales vías de comunicación del país.
La realidad se impone a la retórica
Mientras los funcionarios se dan palmaditas en la espalda por su incansable labor de reunirse, la situación en las carreteras pinta un cuadro ligeramente diferente. El pasado lunes, transportistas y productores agrícolas demostraron su profundo aprecio por el diálogo gubernamental organizando un mega bloqueo en los principales accesos del país. Sus exigencias -atención, esto es lo verdaderamente extravagante- incluyen precios justos para sus productos y mayor seguridad en las carreteras. ¡Qué despropósito! ¿Acaso no saben que esas preocupaciones se resuelven mucho mejor en acogedoras salas de juntas que en la cruda realidad de las carreteras?
La Segob, con esa capacidad de subestimación que tanto la caracteriza, señaló que “no hay razón” para estas acciones porque el gobierno siempre tiene sus puertas abiertas. Una lástima que nadie les haya explicado a los manifestantes que las puertas abiertas de las oficinas gubernamentales son mucho más importantes que las carreteras cerradas que afectan a millones de ciudadanos. En total, se registraron 29 bloqueos en 17 estados, con 17 cierres totales y el resto parciales, además de tres casetas y una aduana tomadas. Pero tranquilos, seguramente en la reunión número 201 encontrarán la solución definitiva.
El contraste entre la realidad de los bloqueos y la narrativa oficial es tan absurdo que casi da risa. Si las más de dos centenares de reuniones han sido tan exitosas, uno se pregunta por qué los productores y transportistas prefieren pasar horas bajo el sol bloqueando carreteras en lugar de disfrutar del aire acondicionado de las oficinas gubernamentales. Quizás, y esto es solo una especulación, las mesas de trabajo han sido tan efectivas como un paraguas en un huracán. Mientras las autoridades federales se felicitan por su “diálogo permanente”, las extorsiones y los precios injustos siguen siendo el pan de cada día para quienes mueven la economía del campo mexicano.
¿No es irónico que cuantas más reuniones se anuncian, más carreteras se cierran? Parece que existe una relación inversamente proporcional entre la retórica del diálogo y la efectividad de las soluciones. Los manifestantes, con su terquedad característica, insisten en pedir acciones concretas en lugar de simples actas de acuerdos. Qué falta de aprecio por el arte de la conversación burocrática.
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