Un Juramento de Amor y una Batalla Contra el Olvido
Bajo el cielo de Querétaro, donde las turbinas comenzaron a rugir con la fuerza de un nuevo amanecer, una declaración de amor resonó como un trueno en el corazón de la política mexicana. No era un amor común, sino uno forjado en la lucha, teñido de memoria y cargado de un destino nacional. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, con la emoción a flor de piel, proclamó ante el mundo su profundo afecto por la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Pero este amor venía acompañado de una acusación solemne y un fantasma del pasado: los intentos de privatización que, según su relato, conspiraron desde las sombras de los gobiernos neoliberales.
El escenario no podía ser más épico: la inauguración de la majestuosa Central Ciclo Combinado El Sauz II, bautizada con el nombre de una heroína, “Josefa Ortiz Téllez Girón”. En ese momento culminante, Sheinbaum evocó la épica batalla legislativa de 2024, donde la Carta Magna fue modificada para esculpir en piedra la preeminencia de las empresas públicas y decretar que el 54% de la energía del país debía nacer de las manos de la CFE. “Y lo segundo”, declaró con la convicción de quien sella un destino, “decidimos reintegrar verticalmente para que no haya ninguna tentación de enajenación, y ahora se está reintegrando de nuevo a toda la Comisión Federal de Electricidad como nunca debió separarse”. Cada palabra era un ladrillo en la reconstrucción de un bastión.
El Corazón Público que Late Frente a la Adversidad
La narración se tornó íntima, personal. La mandataria, recordando su tiempo como investigadora de la UNAM en materia de planeación energética, confesó: “Toda la vida combatimos porque no se privatizara la CFE”. Pero fue el fuego de la crisis, las lluvias torrenciales que pusieron a prueba la fibra moral de la nación, lo que forjó su certeza final. Al ver el despliegue titánico de los trabajadores, su entrega absoluta, se convenció para siempre de la necesidad imperiosa de una empresa estatal fuerte. “Aman a su país; aman a la Comisión Federal y aman a la gente”, proclamó, elevando su labor a un acto de amor al pueblo y patriotismo puro.
La puesta en marcha de esta planta era, en su discurso, mucho más que un acto de infraestructura; era un baluarte para la autonomía energética y un escudo contra la vulnerabilidad. Frente a los fenómenos naturales más despiadados, argumentó con dramatismo, solo una entidad con alma pública podría emprender la titánica tarea de rescatar la luz para todos. Y en un giro cargado de simbolismo histórico, denunció que ninguna central llevaba el nombre de una mujer. Al honrar a Josefa Ortiz y al reconocer el “excelente trabajo” de Emilia Calleja al frente de la paraestatal, estaba escribiendo, a su manera, un nuevo capítulo de justicia.
Incluso en este relato de reivindicación, hubo espacio para un gesto de unidad inesperado. El gobernador Mauricio Kuri tomó la palabra para tender un puente, agradeciendo el apoyo federal durante las recientes calamidades y señalando los dos grandes desafíos que acechan como gigantes a Querétaro: la energía y el agua. Un recordatorio de que, más allá de las batallas ideológicas, la tarea de construir y sostener la nación es una saga colectiva.
Esta es la historia de una presidenta que convirtió una inauguración en un manifiesto, un acto de gobierno en un episodio de una telenovela nacional donde el amor a lo público se enfrenta a los fantasmas de la privatización, y donde cada megawatt generado suena como una nota en un himno a la soberanía. ¿Crees que la energía es el verdadero poder de un país? Comparte este crucial capítulo de nuestra historia energética en tus redes sociales y explora más contenidos sobre el futuro de México.




