Vuela contra viento y marea
La escena está servida: Cuba anuncia problemas de combustible para aviones. El guión dictaría cancelaciones, caos en aeropuertos y pasajeros varados. Pero Viva Aerobús decidió reescribirlo.
Confirmaron que sus vuelos a La Habana seguirán operando con total normalidad. Un movimiento audaz cuando otros podrían estar revisando sus cartas de navegación.
“Nuestras aeronaves estarán recargando el combustible suficiente en México que nos permita seguir operando”,
Esa fue la línea clave en su comunicado. La jugada es clara: sortear el problema logístico en origen. Cargar los tanques al máximo antes de despegar hacia la isla.
Para los viajeros con boletos entre el 10 y 11 de febrero, el mensaje es tranquilizador: no habrá cambios. La compañía pone su operación mexicana como escudo contra la crisis energética cubana.
Pero detrás del anuncio hay algo más. Mantener ese puente aéreo no es solo un servicio; es un cable a tierra para familias divididas por el mar, para negocios, para turismo. En política, las conexiones aéreas son venas por donde corre sangre económica y social.
Viva monitorea la situación mientras reitera su compromiso con seguridad y puntualidad. El teatro de las operaciones aéreas tiene ahora un actor que decide cargar su propia gasolina antes de entrar al escenario complicado.
Mi esposa, maestra, me diría: ‘A veces lo simple funciona’. Cargar aquí para volar allá. Pero en este tablero geopolítico donde cada litro de combustible pesa más que oro, garantizar un vuelo se convierte en declaración de principios.
La función continúa. Las cortinas no se cierran. Al menos, no en esta ruta.




