La resiliencia cubana frente a su prueba más dura
El Partido Comunista de Cuba ha sobrevivido seis décadas. Superó el embargo estadounidense y la hambruna del ‘Período Especial’ tras la caída de la URSS. Pero ahora enfrenta algo distinto.
No es un bloqueo formal declarado. Es un estrangulamiento silencioso y efectivo desde el mar. Los datos de navegación son brutales: en marzo no llegó a Cuba ni un solo buque tanque extranjero. El volumen de escalas portuarias se desplomó.
“Cada residente cubano está sufriendo la aguda inaccesibilidad al combustible”, expresó Ian Ralby, director de IR Consilium.
Las consecuencias son cotidianas y graves para 11 millones de personas. Apagones masivos. Colapso en la atención médica por falta de combustible para ambulancias y generadores. Cuba produce solo el 40% del crudo que necesita.
Una estrategia calculada sin nombre oficial
Lo más llamativo es cómo se hace. La Casa Blanca no ha reinstaurado oficialmente las restricciones a las exportaciones flexibilizadas por Biden. De hecho, los envíos estadounidenses de alimentos aumentaron el año pasado.
Pero el mensaje está claro para cualquiera que quiera hacer negocios con la isla.
“Nadie quiere estar en el radar de la cuenta de Truth Social de Trump”, comentó John Kavulich, presidente del Consejo de Comercio EE.UU.-Cuba.
La presencia continua de buques de guerra estadounidenses en el Caribe, los mismos usados en la operación contra Maduro, actúa como disuasivo perfecto. Empresas y países se autocensuran.
Trump ha ido subiendo la apuesta retórica. Habló de una “toma amistosa” y luego prometió a aliados latinoamericanos que se “enviaría” de Cuba tras Irán. La sombra del cambio forzado es alargada.
La respuesta cubana no se ha hecho esperar.
“Cuba es un Estado libre, independiente y soberano; nadie nos dicta qué hacer”, declaró Díaz-Canel en enero. “…disputa a defender a la patria hasta la última gota de sangre”.
Ante las críticas por el hambre, Washington ha intentado moderar su imagen. Envió ayuda humanitaria y dijo que permitiría enviar combustible al sector privado cubano. Una jugada que Rubio justificó así:
“La razón por la que esas industrias no han prosperado en Cuba es porque el régimen no les ha permitido prosperar”.
Pero es una solución poco realista cuando el gobierno controla la distribución y las empresas carecen de capital. John Felder, un empresario que viaja frecuentemente a la isla, lo ve claro desde dentro:
“Las políticas de EE.UU. han creado a la gente más resiliente del mundo… Quieren un cambio, pero no quieren ser controlados por Estados Unidos”.
Ahí está el núcleo del asunto. Después de 66 años de tensiones, los cubanos conocen bien el precio de cada promesa exterior. Esta vez, el cerco es tan tangible como la oscuridad en sus hogares.




