La Justicia Vecinal: Cuando la Paciencia se Agota y las Cuerdas Aparecen
Parece que en Putla de Guerrero, Oaxaca, el manual de civismo se reescribió con un capítulo especial titulado “Cómo Hacerle a la Justicia por Tu Cuenta (Incluye Nudos Prácticos)”. Los pobladores, cansados de ver cómo el sistema judicial jugaba al gato y al ratón con un mismo individuo, decidieron que la próxima función sería un espectáculo callejero. El protagonista: Hermino Cholula, un hombre a quien, al parecer, le encantaba ensayar su papel de villano de barrio una y otra vez.
El acto final de su última interpretación fue agredir a un estudiante de secundaria. Lo que no calculó fue que el público, en este caso los vecinos del Campo de Aviación, estaba hasta la coronilla de su repertorio. Al intentar huir del escenario, fue perseguido, alcanzado y… bueno, convenientemente sujetado. ¿El resultado? Una exhibición pública que hubiera hecho sonrojar a los pregoneros medievales.
El Desfile del “Honorable” Ciudadano y la Farsa de la Autoridad
Con las manos amarras y una elegante cuerda al cuello a modo de corbatín de la vergüenza, Hermino fue paseado por las calles. No era un desfile patrocinado por la oficina de turismo, desde luego. Los vecinos, convertidos en jueces, jurado y algo que se parecía sospechosamente a verdugos improvisados, señalaron que este personaje no era un novato en el arte de la agresión. Su currículum incluía hostigamiento a estudiantes del Cobao y a mujeres de la zona. Todo un ciudadano ejemplar.
Y aquí llega el momento cumbre de la sátira: la policía municipal apareció, como suele hacer, cuando el problema ya estaba “atado y bien atado”. Los agentes, con su impecable timing, solicitaron llevarse al detenido. La respuesta de la comunidad fue unánime y deliciosamente irónica: “No, gracias, ya sabemos cómo termina esa película”. Y es que, en una ocasión anterior, ellos mismos lo habían entregado a las autoridades, quienes, en un giro argumental predecible, lo soltaron para que pudiera repetir su actuación. ¿Quién dijo que el sistema no funciona? Funciona perfectamente… para los que delinquen.
Ante tal demostración de eficiencia estatal, los vecinos optaron por saltarse el intermediario y llevar ellos mismos a Hermino Cholula al Ministerio Público de la Fiscalía del Estado en Putla. No confiaban en que el transporte oficial llegara a su destino sin sufrir una misteriosa “avería” que permitiera la fuga del acusado. Así, la comitiva ciudadana se encargó de la entrega, asegurándose de que, esta vez, el episodio no terminara en un “y vivió feliz para delinquir otra vez”.
Este incidente absurdo y tragicómico plantea una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto está justificada la justicia comunitaria cuando el Estado falla repetidamente? Los habitantes de Putla de Guerrero no parecen creer en los finales felices escritos por las instituciones. Prefieren escribir los suyos propios, aunque para ello necesiten un poco de cuerda y una dosis de teatro callejero. Una solución radical para un problema que las autoridades se empeñan en maquillar con paños tibios y liberaciones incomprensibles.
¿El mensaje? Tal vez que cuando la ley no protege, la paciencia se agota y la creatividad vecinal florece de las formas más pintorescas y contundentes.
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