¿Vuelve el fracking por la puerta de atrás?
La presidenta Claudia Sheinbaum soltó una bomba que muchos esperábamos. Dijo que su gobierno está analizando “nuevas tecnologías” para extraer ese gas no convencional que tanto les gusta a las empresas. ¿El objetivo? Evaluar opciones que “minimicen impactos ambientales”. Suena bien, ¿no? Hasta que lees la letra chiquita.
Porque cuando le preguntaron directamente si descartaban el fracking en México, la respuesta fue clara: no. No lo han descartado. Lo que están haciendo es buscarle la vuelta.
“Es el tema del gas no convencional, hay distintas tecnologías… nos diga si hay tecnología que puedan utilizarse y que no tengan los daños ambientales de las primeras fracturas hidráulicas que se hicieron en su momento en Estados Unidos”, declaró Sheinbaum.
Ahí está el truco. No habla de prohibir la técnica infame. Habla de encontrar una versión mejorada. Como si existiera un fracking light, sin consecuencias. La historia nos dice otra cosa.
Su argumento es que cualquier decisión dependerá de un “análisis científico especializado”. Clásico. Cuando no quieren decir sí o no, mandan el tema a comisión. A estudiar. A analizar. Mientras tanto, el reloj corre y las presiones de la industria siguen ahí.
Esto forma parte de la estrategia energética del gobierno. Quieren fortalecer la producción nacional de gas, pero dicen que será bajo “criterios ambientales y científicos”. Ya hemos escuchado esa música antes.
Lo preocupante es el cambio de narrativa. De un rechazo frontal al fracking, pasamos a un “vamos a ver qué tecnología hay”. Es un giro sutil pero significativo. Un pie en la puerta para lo que muchos temíamos: la reactivación de proyectos extractivos bajo otro nombre.
La memoria es corta, pero los acuíferos contaminados y los sismos inducidos en otros países deberían ser advertencia suficiente. El análisis científico debe ser independiente, no un trámite para validar lo ya decidido.




