El telón se abre en San Quintín
La presidenta Claudia Sheinbaum subió al escenario este martes con un anuncio que suena a guión de redención. Tras presentar el Centro de Justicia Laboral para los jornaleros, dio el siguiente paso: una batería de inspecciones. No es solo un discurso. Es la puesta en marcha de una maquinaria que promete revisar cada rincón donde se esconda la explotación.
Desde Palacio Nacional, explicó el plan. Su gobierno, el de Baja California y la Secretaría del Trabajo están alineando relojes para actuar. La meta es clara: terminar con las jornadas que desgastan el cuerpo y el alma.
“Y garantizar, más allá de la sanción que en todo caso debe existir, lo que necesitamos es la garantía de que en efecto no son estas jornadas extenuantes y se pague adecuadamente”, dijo al hablar del destajo.
Sheinbaum no solo habla de multas. Habla de erradicar un sistema. “Tenemos que garantizar que esa manera de explotación no siga subsistiendo”, afirmó con una contundencia que resuena en los campos. El nuevo centro de justicia será el bastión, pero las inspecciones son la avanzada.
Un cambio con sello de exportación
Aquí viene el movimiento maestro. La mandataria deslizó una jugada que podría cambiar las reglas del juego más allá de nuestras fronteras. Mencionó una modificación a la ley de comercio exterior para incluir lo “laboral” y lo “ambiental”. De ahí nacería un “certificado laboral de exportación”.
¿Qué significa? Que los productos mexicanos que salgan al mundo podrían llevar una etiqueta invisible: “Hecho sin abuso”. Es un golpe directo a la imagen internacional de quienes mantienen prácticas abusivas. Aseguró que ya hay pláticas con los empresarios. El mensaje es claro: o se suben al tren del trabajo digno, o se quedan fuera.
El teatro político tiene un nuevo acto en Baja California. Las luces están puestas sobre San Quintín. Ahora toca ver si lo anunciado desde el podio se convierte en realidad entre los surcos.




