El nuevo frente en la guerra contra el narco: armas que cruzan la frontera
La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó lo que muchos sospechábamos. Su gobierno está revisando el polémico reporte del The New York Times sobre municiones calibre .50 -de fabricación y uso exclusivo militar estadounidense- que terminan en manos de los cárteles mexicanos.
“Estamos revisando este reporte… para poder hablar con el Gobierno de los Estados Unidos sobre este tema y ver cómo es posible que estas armas están entrando a México”, declaró Sheinbaum.
El diario neoyorquino destapó el sábado una tubería industrial que duele. La Planta de Municiones del Ejército en Lake City, Missouri -una instalación clave del Departamento de Guerra- produce estos proyectiles diseñados para destruir vehículos y aeronaves. Según el reporte, ahora están a la venta para civiles en todo Estados Unidos.
El problema es claro: lo que se vende legalmente al norte de la frontera, termina ilegalmente al sur. En manos de organizaciones que las usan para aterrorizar comunidades, desafiar al Estado y alimentar una violencia que ya nos cuesta miles de vidas cada año.
Sheinbaum promete llevar este tema directamente a la mesa con Donald Trump. No es poca cosa. Hablamos de municiones del tamaño de un puro con poder destructivo masivo. El mensaje es contundente: México exige responsabilidad en una cadena de suministro que está armando hasta los dientes a sus peores enemigos.
Mientras tanto, en las calles, estas armas cambian el balance de poder. Cada cartucho calibre .50 que cruza la frontera no es solo un producto ilegal: es una declaración de guerra contra la seguridad nacional mexicana. Y esta vez, el origen tiene nombre y apellido institucional.




