De Reinas Rojas a Traductoras: El Paseo de la Reforma se llena de ‘girl power’ ancestral
Bueno, pues mientras nosotros debatíamos en Twitter sobre la última serie de Netflix, el gobierno decidió darle un glow-up monumental (literal) al Paseo de la Reforma. La Presidenta Claudia Sheinbaum no vino a jugar: encabezó la develación de seis esculturas de mujeres ancestras, en lo que podría ser el acto de justicia histórica más instagrameable del año. Spoiler: no son solo estatuas bonitas; es un mensaje directo contra el racismo, el clasismo y el machismo que, seamos honestos, tienen más años que el propio Castillo de Chapultepec.
El elenco estelar de este nuevo ‘paseo de la fama’ prehispánico incluye a Tz´ak-b´u Aha (alias “la Reina Roja”, suena a nombre de drag queen, pero es pura realeza maya), Tecuichpo-Ixcaxochitzin, la Señora 6 Mono, Xiuhtzatzin, la siempre polémica Malintzin, y la defensora purépecha Eréndira. Básicamente, un squad de mujeres indígenas poderosas que por fin salen de las notas al pie de los libros de texto para tomar su lugar en la avenida más importante del país. Sheinbaum lo dejó claro: esto no es solo decoración urbana, es un reconocimiento explícito a quienes han sostenido la vida cultural, social y espiritual de México durante siglos, quizá milenios, mientras el protagonismo se lo llevaban otros.
Malintzin en Reforma: ¿Traición o supervivencia? El debate histórico llega al mármol
Y hablemos del elefante en la sala, o mejor dicho, de la escultura en el paseo: Malintzin. Por años, la narrativa oficial la pintó como el símbolo de la traición por excelencia, un relato cargado de más prejuicios que telenovela de las 9. La Presidenta le dio un spin totalmente distinto: “hizo uso de su conocimiento lingüístico para sobrevivir en un contexto de violencia”. O sea, no era la villana, era una estratega multilingüe en un aprieto histórico. Incluirla aquí, según Sheinbaum, no es “abrir viejas heridas, no. Es cerrar una deuda histórica“. Un plot twist que la historia oficial no vio venir.
El mensaje es contundente: colocar estos monumentos es un acto de reivindicación histórica que busca romper el silencio histórico que ha invisibilizado y relegado a las mujeres. La presidenta del CONAPRED, Claudia Olivia Morales Reza, aplaudió la iniciativa, recordando que Sheinbaum la impulsó desde su etapa como Jefa de Gobierno. Mientras, la actriz Jesusa Rodríguez pidió ir más allá y promover una ciencia con perspectiva de género, porque en muchos monumentos históricos del país las mujeres siguen siendo fantasmas.
Marisela González González, representante del pueblo Ñhäñhü, dio en el clavo: estas figuras harán que las mujeres se sientan orgullosas de sus raíces y vean que pueden llegar a puestos importantes. Incluso se aventuró a desear que pronto tengamos a la primera mujer indígena como mandataria. Por su parte, Valeria Valero Pie del INAH, remató con que, con esta acción, la Presidenta hace valer el compromiso de su toma de protesta: no llegaba sola, llegaban todas las generaciones de mujeres.
En resumen, el Paseo de las Heroínas ya no es solo un concepto, es una realidad de concreto y significado. Es un recordatorio de que la transmisión cultural y la sabiduría ancestral no son cosa del pasado, sino pilares del presente y futuro. Y que, a veces, hacer justicia implica quitarle espacio a los héroes de bronce de siempre para dárselo a las heroínas de carne y hueso (o en este caso, de piedra y mármol) que siempre estuvieron ahí.
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