El gran plan energético: porque el 54% suena mejor que el 53%
En un movimiento que sin duda dejará boquiabiertos a los amantes de las estadísticas precisas, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha anunciado, con la solemnidad de quien revela los secretos del universo, que el Estado mexicano garantizará la generación del 54% de la energía eléctrica. ¿Por qué 54? ¿Fue el resultado de una compleja ecuación o simplemente sonó más impresionante que el 53? El mundo quizás nunca lo sepa. Lo que sí sabemos es que este milagro matemático y energético llegará de la mano de nuestra querida y siempre eficiente Comisión Federal de Electricidad (CFE), que parece haber encontrado la varita mágica después de décadas de buscar el manual de instrucciones.
El plan, digno de un guión de ciencia ficción optimista, consiste en iniciar en 2026 una serie de proyectos para generar 6 mil megawatts (MW) nuevos. ¿Cómo? Construyendo cuatro Centrales de Ciclo Combinado, tres Centrales Fotovoltaicas y tres proyectos más de energías limpias. Todo ello, por supuesto, en perfecta armonía con la inversión privada, a la que se le ha asignado el rol secundario pero crucial del 46% restante. Sheinbaum lo explicó con la claridad de un oráculo: el nuevo esquema tiene “orden, planeación y garantía”. Porque, como todo el mundo sabe, en México lo que más abunda son el orden, la planeación y las garantías que se cumplen al pie de la letra.
Dinero, cemento y buenas intenciones
Mientras la presidenta pintaba este futuro radiante, la directora general de la CFE, Emilia Calleja Alor, se puso manos a la obra para detallar en qué se van a convertir esas montañas de pesos. Resulta que ya empezaron a construir la CCC “Francisco Pérez Ríos Tula II” en Hidalgo, que reemplazará a una vieja central de combustóleo (una especie de abuelo contaminante del sistema). Además, están con los planos bajo el brazo para otras tres centrales ciclo combinado en Salamanca, Altamira y Mazatlán. La inversión para este capricho de potencia será de unos modestos 80 mil 939.2 millones de pesos. Una ganga, si consideramos que con eso podrías comprar varias islas pequeñas o financiar la transición energética de un país… oh, wait.
Pero no todo es gas natural y burocracia. ¡También hay sol! La próxima semana empieza la construcción de la tercera fase de la Central Fotovoltaica Puerto Peñasco, que promete ser el complejo solar más grande de Latinoamérica. Un título grandilocuente que seguramente hará sonreír a los ingenieros chilenos o brasileños. Esta maravilla alcanzará una capacidad de mil MW por el irrisorio precio de 13 mil 277 millones de pesos. Y por si fuera poco, en Coahuila, tierra del carbón, ahora brotarán paneles solares con los proyectos Carbón II y Río Escondido, aportando 556 MW más. La ironía poética de la transición energética en su máxima expresión.
Eso sí, no todo es perfecto en este paraíso de la planificación. La Central de Combustión Interna de Los Cabos está siendo “reevaluada” por las condiciones del mercado. Traducción: alguien se dio cuenta de que quizás no era tan buena idea o simplemente se perdieron los planos entre la playa y el despacho. Se reevalúa con el “propósito de salvaguardar un correcto desarrollo”. Una frase maravillosa que en el lenguaje común significa: “Mejor le damos otra pensada”.
En resumen, el gobierno federal ha decidido que el futuro eléctrico de México será una coreografía cuidadosamente coreografiada donde el Estado lleva la batuta (y el 54% de la orquesta), mientras el sector privado toca los platillos de fondo. Un espectáculo que, si todo sale según el guión —y en México siempre todo sale según el guión, ¿verdad?—, nos dejará con más energía, menos emisiones y una factura de inversión que hará llorar a las calculadoras. El tiempo, ese crítico incómodo, tendrá la última palabra.
¿Crees que este plan energético es tan brillante como el sol de Puerto Peñasco o se apagará como un foco fundido? Comparte esta nota y dinos qué piensas sobre el futuro de la luz en México. Explora más contenidos sobre economía y desarrollo en nuestro sitio.




