Un voto unánime que busca cambiar las reglas del juego
El pleno del Senado acaba de dar un paso que, en papel, es monumental. Aprobó por unanimidad—109 votos a favor—la reforma constitucional que faculta al Congreso para crear una Ley General en Materia de Feminicidio. La iniciativa partió de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Esto no es solo otro trámite legislativo. Es el intento de poner orden en un caos sangriento. La idea es clara: homogeneizar los tipos penales, las agravantes y las sanciones en todo el país. Que un feminicidio se persiga y castigue igual en Sonora que en Chiapas.
El corazón del problema: la disparidad que mata
La senadora Beatriz Mojica Morga (Morena) lo explicó sin rodeos. Ante la disparidad en los códigos penales estatales, esta ley busca “poner orden”. Obligar a las fiscalías a actuar de forma “homogénea, transparente y profesional”. El objetivo final es uno solo: frenar la impunidad.
“…implica no solo la homologación de las leyes que están muy dispares, sino también que todo homicidio contra mujeres se investigue y sancione como feminicidio”, destacó Mojica Morga sobre la iniciativa.
Su colega, Sasil de León Villard, fue más gráfica. Dijo que esta reforma debe ser “el inicio de una batalla frontal contra los feminicidas y la impunidad que el actual marco les permite”. Palabras fuertes para una realidad brutal.
Pero no todo son aplausos en el recinto. Cristina Ruíz Sandoval (PRI) apoyó la reforma, pero lanzó un dardo envenenado al gobierno.
Recriminó que Morena legisle “para el aplauso, pero no para proteger a las mujeres” y exigió “una estrategia real con recursos, especialistas y voluntad política”.
Ahí está el meollo del asunto. Una reforma constitucional es el marco, el escenario. Pero la obra solo funcionará si hay actores comprometidos, un director con visión y, sobre todo, presupuesto para montarla. El texto ya pasó a la Cámara de Diputados. Allí se definirá si esto queda en un gesto teatral o se convierte en una herramienta real para salvar vidas.




