Otro convenio que huele a déjà vu
La SEP y Unicef acaban de firmar un acuerdo de colaboración. Suena bien, ¿verdad? Garantizar el derecho a la educación, mejorar aprendizajes, fortalecer escuelas. La letra pequeña siempre es lo interesante.
Fernando Carrera, de Unicef, soltó la primera perla: «el país ha logrado avances importantes en el acceso a la educación primaria». Pero acto seguido: «persisten retos clave para asegurar su permanencia y aprendizaje efectivo». Traducción: entran, pero no sabemos si aprenden o se quedan.
Lo que prometen (y lo que callan)
El convenio habla de fortalecer la educación inicial, promover entornos saludables con la estrategia ‘Vive Saludable, Vive Feliz’ e incluir a menores en situación de vulnerabilidad, especialmente en movilidad. También toca enfoque de género y habilidades digitales.
Mario Delgado, titular de la SEP, dijo que esto formaliza una colaboración ya existente. Destacó que gracias a ‘Vive Saludable’ se evaluó a 9.3 millones de estudiantes y que «el 82 por ciento de los planteles ha dejado de vender comida chatarra». Un dato concreto, algo raro en estos anuncios.
También mencionaron inclusión para población migrante y transformación del bachillerato. Suena ambicioso. Demasiado.
Incluye prevenir violencia escolar y promover ‘crianza positiva’. La SEP promoverá la participación de Unicef en iniciativas estratégicas, y Unicef dará asistencia técnica. Habrá materiales, estudios y «buenas prácticas internacionales».
Acordaron mecanismos de seguimiento y evaluación. Eso es clave. Porque sin eso, esto se convierte en otro documento olvidado en un cajón.
La pregunta que nadie hace: ¿cuántos convenios similares se han firmado antes? ¿Y dónde están los resultados? La memoria institucional es más frágil que un acuerdo de prensa.




