La fiesta que arranca con un golpe bajo
La costa de Mazatlán no huele a sal y fiesta. Huele a miedo. A una semana del inicio de su Carnaval Internacional, cuatro turistas de Ciudad de México fueron privados de su libertad. Un celular y una cuatrimoto abandonados son las únicas pistas.
La versión oficial habla de “privación de la libertad”. Yo leo: secuestro. Y justo cuando la ciudad se prepara para recibir más de un millón de personas.
El despliegue que llega tarde
Como siempre, la respuesta es militar. El gobierno federal envió 1,600 militares a Mazatlán y Culiacán. Activaron un operativo especial con unos 3,000 agentes. La pregunta que nadie hace: ¿por qué solo después del hecho?
“La celebración mantiene viva la historia y cultura del puerto”, dijo Nathalie Desplas, subsecretaria de Turismo.
Bonitas palabras. Pero la historia reciente de Sinaloa se escribe con otras letras: las de la violencia.
Dos diputados atacados en Culiacán. Diez mineros desaparecidos en Concordia. Las autoridades lo vinculan a ‘Los Chapitos’, la facción del Cártel de Sinaloa. El patrón es claro, pero la prevención brilla por su ausencia.
De los seis secuestrados en Cerritos, solo localizaron a la mujer y la niña en El Habal. Cuatro hombres siguen en paradero desconocido. Mientras, la maquinaria turística no se detiene: esperan 92,000 visitantes y una derrama económica millonaria.
El mensaje es contradictorio: vengan a gastar, pero cuidado con dónde pisan. Se despliegan fuerzas especiales para “garantizar la seguridad”. Suena más a parche que a solución.
La memoria es corta. ¿Quién recuerda los operativos fallidos anteriores? La amnesia colectiva es el mejor aliado del ciclo sin fin: violencia, despliegue mediático, promesas… y vuelta a empezar.
El Carnaval seguirá. La música sonará fuerte para ahogar otro tipo de ruidos. Pero el sabor amargo ya llegó, una semana antes de que empiece la fiesta.




