Un traslado que huele a ajuste disfrazado
Los empleados de la Procuraduría Federal de la Defensa del Trabajo (Profedet) no recibieron una orden de reubicación. Recibieron un hecho consumado. Desde enero, fueron mudados sin papeles ni explicaciones formales del edificio sede en Doctores a las oficinas de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje en Azcapotzalco.
“El cambio se comunicó únicamente de forma verbal”, denuncian los trabajadores.
La versión oficial habla de motivos administrativos y reorganización interna. Claro, siempre es más fácil reorganizar cuando no tienes que dar la cara con un documento firmado. Entre el personal, sin embargo, se rumora otra cosa: que esto huele a recortes o ajustes presupuestales camuflados.
Servicio público en modo supervivencia
El nuevo ‘hogar’ es cualquier cosa menos funcional. Comparten espacios con otras áreas, faltan muebles, herramientas y lo más básico: conexión a internet suficiente. ¿Cómo atienden consultas laborales sin lo elemental?
La consecuencia es previsible y grave. Algunos han tenido que trabajar a distancia por falta de espacio físico, lo que ha afectado directamente la atención al público. La institución creada para defender derechos laborales está siendo desmantelada en la práctica, justo cuando más se necesita.
Es el viejo truco: asfixiar un servicio para luego argumentar su ineficiencia. La memoria es corta, pero los patrones se repiten. Mientras tanto, quienes buscan asesoría se topan con una pared de burocracia improvisada y carencias autoinfligidas.




