El toque de queda lo pone un mosquito
Desde las seis de la tarde, 22 comunidades alrededor de la Presa Endhó, en Hidalgo, se convierten en prisiones al aire libre. No es toque de queda militar, es el Culex —ese bicho diminuto que lleva décadas dictando la vida en Tepetitlán, Tezontepec de Aldama y Tula de Allende.
“No puedes estar fuera de la casa ya, es incontrolable. Los niños no pueden jugar… Estamos encarcelados”, denuncia Noel Olguín Luna, subdelegado de San Juan Michimaloya.
El infierno tiene alas y pica
Los vecinos describen enjambres que forman remolinos en las copas de los árboles. La plaga no solo deja ronchas y alergias: también ataca a animales domésticos y silvestres. Conejos, pollos, borregos, caballos… sus cuerpos terminan en la presa, sumándose a las aguas negras y la contaminación orgánica e industrial.
“Si no traes cubrebocas se meten los mosquitos en la nariz, abres la boca y te los comes”, relata otro habitante.
Fumigaciones que son parches
Las autoridades echan veneno, los mosquitos se toman un descanso de días y vuelven. Mientras tanto, la gente se protege con alcohol, vaporub con limón, lo que sea. Nada frena a estos bichos que, según los testimonios, ya están vinculados a casos de cáncer, leucemia y enfermedades renales.
“No somos alborotadores, tenemos esta necesidad… La gente se está muriendo”, claman.
El lirio acuático en la presa es el criadero perfecto. Y mientras el plan de saneamiento prometido no llegue, el atardecer seguirá siendo sinónimo de encierro para miles de personas en Hidalgo.




