No es un hobby, es una economía: La lucha por la Ley Cuidadoras
Imaginen esto: ustedes, sus amigas, sus primas, sus mamás. La que se queda al cuidado del adulto mayor de la familia, la que recoge a los niños de la escuela porque su horario “flexible” se estira como chicle, la que hace malabares con el teletrabajo y la lista del súper. Ahora multiplíquenlo por millones. Eso, queridos lectores, no es solo “ayudar en casa”; es la economía del cuidado, una gigantesca e invisible fuerza laboral que sostiene el país y que, spoiler alert, no tiene ni un mísero reconocimiento legal. Pero al parecer, en Nuevo León se cansaron de esta telenovela de injusticia.
Resulta que Martha Herrera González, la titular de la Secretaría de Igualdad e Inclusión del estado (sí, un título que suena a superheroína de la administración pública), acaba de soltar la bomba: se está impulsando a nivel estatal y cabildeando a nivel nacional la creación de una Ley Cuidadoras. Básicamente, es como si por fin le fueran a poner subtítulos a una película que todos ven pero nadie reconoce oficialmente. La meta es clara: apoyar a las personas –que, adivinaron, en su abrumadora mayoría son mujeres– dedicadas al cuidado de adultos mayores, personas con alguna discapacidad e incluso menores.
La noticia llegó en un marco bastante fancy: la entrega de un reconocimiento por parte del Senado de la República y la Organización Distrito para las Mujeres en el Mundo. Un evento donde celebraron a 19 mujeres y 4 hombres de todo el país que, en lugar de esperar a que las cosas cambien por arte de magia, se pusieron la camiseta (o el blazer, que queda mejor para las fotos) para impulsar el empoderamiento, la protección y la lucha por la igualdad. Martha Herrera, con su reconocimiento recién estrenado, declaró que el objetivo es “seguir tendiendo redes para trabajar de manera coordinada“. O sea, pasar del “qué bonito es apoyarnos” al “plan de batalla concreto”, porque los memes de sororidad están bien, pero las leyes mejor.
El avance es lento, como internet con mala señal
En la entrevista, la funcionaria fue más clara que un tutorial en TikTok. Reconoció que en Nuevo León hay avances en la representación política, con paridad en los tres poderes del estado. Suena bien, ¿no? Como que ya hay más mujeres en la mesa. Pero, y siempre hay un pero más grande que el de una serie de Netflix, falta lo más importante: la igualdad sustantiva. Es decir, que lo que se dice en los discursos se traduzca en la vida real, especialmente en el sector privado.
Ahí es donde la cosa se pone color de hormiga. Porque de qué sirve tener paridad en el gobierno si la brecha salarial sigue siendo tan ancha como un barranco y las mujeres cargan con el 70% del trabajo de cuidados no remunerado en el país. Es como si te dieran un puesto directivo pero te cobraran por el aire acondicionado de la oficina. Martha Herrera lo dijo sin tapujos: hay que reducir la brecha de la desigualdad en el ingreso y empujar un sistema estatal y nacional de cuidados. Vamos, que cuidar a los demás no puede ser un hobby que haces después de tu jornada laboral de 8 horas.
La propuesta de la Ley Cuidadoras es, en esencia, un cambio de chip monumental. Se trata de que el cuidado sea reconocido como un derecho, tanto para quien lo recibe como para quien lo provee. Implica capacitar y profesionalizar a las cuidadoras, porque sí, queridos empresarios, cuidar es una habilidad que requiere conocimiento, paciencia y estrategia, no solo “instinto maternal”. Además, promueve el autocuidado de estas mujeres (que no es un lujo, es una necesidad básica) y aboga por acceso real a guarderías y centros de atención. Básicamente, es construir los cimientos para que la sociedad no se desmorone.
Lo que está pasando en Nuevo León es un primer paso, un “hold my mic” dirigido al resto del país. Es el reconocimiento de que sin una economía del cuidado justa y formalizada, el famoso “equilibrio entre vida y trabajo” es solo un eslogan publicitario. La lucha ya no es solo por un espacio en la oficina, sino por valorar el trabajo que hace posible que alguien pueda salir a esa misma oficina.
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