El gran portazo a la importación temporal: adiós a las telas, los tenis y los endulzantes
Parece que la fiesta de las maquiladoras se acaba de tornar un poco… amarga. A partir de este jueves 29 de agosto, el gobierno mexicano, en un arranque de celo protector, ha decidido prohibir la importación temporal de una lista de productos tan variada que parece el pedido semanal de un centro comercial: zapatos terminados, telas, prendas de vestir y, por si alguien quería endulzar el trago, hasta endulzantes. ¿La razón oficial? La noble y loable intención de evitar que estos productos, que supuestamente solo están de paso para ser transformados y exportados, decidan quedarse de manera ilegal a disfrutar de las playas nacionales y se vendan aquí. Claro, porque las empresas son como turistas inconscientes que sobrepasan su visa.
Todo esto, nos cuentan con una seriedad admirable en el Diario Oficial de la Federación, es por el bien del Programa para la Industria Manufacturera, Maquiladora y de Servicios de Exportación (Immex). Un programa que, aparentemente, algunas empresas ven más como un sugerencia que como un reglamento. El mecanismo es simple: importan temporalmente, le hacen alguna que otra modificación (¿un botón aquí, un lavado allá?) y luego… ¡zas! La mercancía debería exportarse. Pero oh, sorpresa, las cifras indican que una cantidad misteriosa de estos bienes decide quedarse a vivir en México de forma permanente. ¿Se habrán enamorado del clima?
El “contrabando técnico” y la competitividad nacional herida
Las autoridades, basándose en esos fríos y despiadados números, “deducen” –una palabra maravillosa que evita tener que presentar pruebas contundentes– que no se ha cumplido con el retorno de dichas mercancías. Y esto, nos aseguran con gravedad, está causando un daño terrible a la competitividad de la industria nacional. Tanto daño, que ha sido preciso tomar acciones contundentes. Porque nada dice “competitividad” como prohibir cosas en lugar de, no sé, tal vez hacer más competitiva a la industria nacional. Pero esa es solo la especulación cómicamente innecesaria de un narrador sarcástico.
En el DOF se expone con toda claridad que esta medida es para limitar “la posibilidad de otro tipo de prácticas, como el contrabando técnico”. Una frase que suena tremendamente seria y tecnocrática, pero que en realidad significa: “entra al país porque supuestamente se va a exportar, pero se queda para venta en el mercado nacional”. O sea, básicamente, hacer trampa. Y para combatir esta trampa, la solución elegida ha sido publicar más de 360 fracciones arancelarias. Porque si algo funciona bien contra la burocracia y la complejidad, es agregar 360 nuevos items regulatorios. ¿A alguien más le duele la cabeza?
La industria del calzado: el drama en números
Y aquí es donde la historia se pone realmente trágica, o al menos eso nos quiere hacer creer la Secretaría de Economía. Resulta que la situación para la industria del calzado ha sido… ¿cómo decirlo?… catastrófica. Según sus cifras, comparado con 2023 (un año que, recordemos, ya de por sí fue bastante complicado), el PIB de este rubro se desplomó un 12.8%. El valor de la producción se contrajo un 12.5%. Y para rematar, se perdieron casi 11,000 empleos formales. Una verdadera hecatombe laboral que colocó al empleo en la industria en “niveles inferiores sin precedentes”.
Pero, esperen, ¿no se supone que la manufactura y las exportaciones iban viento en popa? ¿No era ese el discurso? Ah, claro, debe ser que el problema son solo unos cuantos zapatitos de más que se quedaron en el país. Eso lo explica todo. Esta debacle afectó específicamente a la fabricación de calzado con suela y parte superior de caucho o plástico, sin costuras, clavos, tornillos, espigas o dispositivos similares. Un nivel de detalle que solo puede nacer del amor más profundo por la normatividad zapatera. Por no hablar del calzado con suela y parte superior de caucho, plástico, cuero natural o regenerado. Porque, al final, en tiempos de crisis, lo importante es ser específico con los materiales.
En resumen, el mensaje es claro: el mercado nacional necesita protección. Las maquiladoras no pueden ser tan traviesas. Y la solución es simple: más prohibiciones, más fracciones arancelarias y, sobre todo, más papelorio en el Diario Oficial. Porque si algo ha demostrado la historia económica es que prohibir es siempre más efectivo que innovar o competir. ¿O no?
¿Qué sigue? ¿Prohibir que las taquerías importen temporalmente tortillas para evitar que se queden a vender tacos aquí? El tiempo, y el próximo decreto en el DOF, lo dirán. Mientras tanto, las maquiladoras tendrán que buscar nuevos trucos bajo la manga… o simplemente empezar a obedecer las reglas. Aburrido, lo sé.
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