El muro de San Lázaro
El primer acto del gran proyecto legislativo de Claudia Sheinbaum terminó en silencio este miércoles. Su reforma electoral, una de las banderas más ambiciosas, se estrelló contra la aritmética fría de los votos en la Cámara de Diputados.
Necesitaba una mayoría calificada, un número mágico: 81 votos más allá de su bancada. Al final, solo sumó seis. La cuenta quedó en 259 a favor contra 234 en contra. Una abstención solitaria completó el cuadro de un fracaso anunciado pero no por eso menos simbólico.
“La organización no se quedará en la lona mucho tiempo”, adelantó Ricardo Monreal, el líder morenista, casi como un guionista que ya tiene preparado el siguiente capítulo.
La llave que no giró
Todo dependía de los aliados tradicionales: el PT y el Verde. Morena tiene 253 legisladores, pero para cambiar las reglas del juego constitucional necesitaba esa llave extra. Y la llave se oxidó en la cerradura.
Primero fue Movimiento Ciudadano, criticando que la propuesta “destruía” el sistema que ayudó a los partidos pequeños. Luego el PRI, hablando de un proyecto que “divide a México”.
Y entonces llegó el momento clave. Las miradas se clavaron en el PT y el Verde. Sus coordinadores subieron a la tribuna y… anunciaron su rechazo sin salirse del guión. Un guión que, al parecer, todos menos Morena habían leído.
El gobierno pactó un proceso exprés, solo con discursos de coordinadores. Quizás para minimizar el espectáculo del descalabro. Pero en política, como en el teatro, a veces el silencio grita más fuerte que los aplausos.
Ahora toca ver cuál es ese “plan alternativo” que Monreal promete. Porque en este escenario, el primer acto terminó con el telón cayendo sobre la protagonista.




