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La justicia capitalina estrena 137 rostros en una ceremonia histórica

Un acto sin precedentes en la capital, con ausencias notorias y pancartas de protesta que opacaron la solemnidad del evento.

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Un desfile de togas y promesas en el Congreso

Por primera vez en la historia, y porque a alguien se le ocurrió que hacerlo una segunda vez sería demasiado, 137 jueces y magistrados locales decidieron que un martes cualquiera era el día perfecto para levantar la mano derecha y prometer cosas muy serias. El escenario elegido para este monumental trámite grupal no fue una oficina de gobierno cualquiera, oh no, fue nada más y nada menos que el Congreso de la Ciudad de México, en lo que ellos, con toda la pompa posible, denominaron una sesión solemne. Porque ¿qué podría ser más solemne que un evento masivo de juramentación en bloques, como si fueran salchichas judiciales empacadas para la posteridad?

Los afortunados en abrir el bonche fueron los cinco integrantes del Tribunal de Disciplina Judicial, quienes, para su desgracia o alivio, estarán atrapados en ese cargo por seis largos años sin posibilidad de reelección. Seis años. Tiempo suficiente para preguntarse diariamente “¿en qué estaba pensando?”.

Luego, como en una coreografía perfectamente ensayada (o quizás no), el resto de los magistrados y jueces fueron llamados en bloques de 17. Porque ¿qué dice más “justicia independiente” que ser procesado en lotes? Al unísono, pronunciaron el mágico “sí protesto”, una frase que, curiosamente, también usamos cuando nos preguntan si hemos bebido toda la leche del refrigerador. Su compromiso, un poco más generoso, durará nueve años, con posibilidad de reelección. Nueve años. Casi una década para arrepentirse o celebrar, dependiendo de cómo corran los vientos políticos.

Protocolo, metales y sonrisas forzadas

La sesión solemne, que comenzó después de las 13:00 horas porque la solemnidad aparentemente duerme hasta tarde, se desarrolló con la precisión de un reloj suizo… o de un trámite burocrático promedio. Desde las 11:30 de la mañana, los elegidos comenzaron a llegar, probablemente después de haberse preguntado “¿me pongo la toga ahora o luego?”. Se registraron en mesitas colocadas afuera del Congreso, porque nada grita “poder del pueblo” como una pre-registro obligatorio.

Podían llevar dos invitados, quienes también fueron escaneados para detectar metales. Porque, seamos claros, ¿qué podría arruinar más una juramentación judicial que un invitado emocionado con una llave inglesa en el bolsillo? Al ingresar, muchos lucían una gran sonrisa, esa sonrisa que todos ponemos cuando sabemos que nos están fotografiando y que durará exactamente lo que dure el mandato.

La secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, hizo acto de presencia, representando a la presidenta Claudia Sheinbaum. Claro, porque cuando tienes una cita para entregar el primer informe presidencial en San Lázaro, ¿qué mejor que un rápido “sí, protesto” colectivo para calentar motores? Cumplió con el protocolo y se retiró velozmente, como un personaje de cameo en la película de su propia vida.

También honraron el evento con su presencia el secretario de Gobierno, César Cravioto, y el presidente del Poder Judicial local, Rafael Guerra. Cravioto, con el entusiasmo de un animador de fiesta infantil, declaró el evento como histórico y soltó perlas de sabiduría como que los habitantes de la Ciudad esperan sensibilidad y honestidad. Porque, obviamente, lo que la gente siempre ha pedido a gritos es jueces insensibles y deshonestos.

Les recordó amablemente que “los ojos del país estarán puestos en ustedes”, una forma elegante de decir “cuídense que los estamos vigilando”. Y añadió, para mayor diversión, que no solo se fijarán en su trabajo, sino también en su comportamiento personal. ¿Planean instalar cámaras en sus dormitorios? ¿Serán evaluados por cómo eligen la fruta en el supermercado? Misterios de la justicia moderna.

Los discursos que soñaron nadie escuchar

Rafael Guerra, por su parte, aseguró que el Poder Judicial está “listo para esta reforma”. Claro, ¿quién no estaría listo después de ser elegido? Les dijo a los nuevos jueces que ahora son “anfitriones de una casa de justicia abierta al pueblo”. Una casa con detector de metales en la entrada y aforo limitado, pero casa al fin.

Jesús Sesma, presidente de la Mesa Directiva, soltó la joya de la corona: “ganaron por la buena y nadie les regaló nada”. Una afirmación que, sin duda, quedará para la historia junto con “la tierra es plana” y “el cheque está en el correo”. Les habló de la maravillosa libertad de la que ahora gozan, libre de presiones e intimidaciones. ¿Libres de intimidación? ¿En el sistema judicial mexicano? Qué encantadoramente naïve.

Pero no todo fue alegría y unanimidad. El PRI, en un movimiento que sorprendió a absolutamente nadie, brilló por su ausencia. En su lugar, dejaron en sus curules pancartas con leyendas del tipo “Fraude judicial, dictadura total” y “Lo llaman elección, pero fue un fraude”. Porque ¿qué es una ceremonia solemne sin un poco de drama pasivo-agresivo? Se perdieron la fiesta, pero al menos dejaron su mensaje escrito. Qué considerados.

Al final del día, después de dos horas de rituales, discursos y sonrisas fotogénicas, cinco integrantes del Tribunal de Disciplina Judicial, 34 magistrados y 98 jueces habían jurado su cargo. 137 personas listas para enfrentarse a la abrumadora demanda de justicia de una de las ciudades más grandes del mundo. Nueve años por delante. Que la fuerza (y el sarcasmo) los acompañe.

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Un triste hallazgo en la colonia que duerme entre calles con nombres festivos

El hallazgo de un cuerpo en la calle 23 de diciembre desató el protocolo habitual: cinta amarilla, curiosos y muchas preguntas sin respuesta.

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La muerte llama a la puerta en la calle 23 de diciembre

Ah, la colonia 15 de enero. Un lugar tan festivo que incluso sus calles llevan nombres de fechas célebres. Pero ayer, en la calle 23 de diciembre, el regalo anticipado fue bastante más macabro: el cuerpo sin vida de un hombre. Porque nada dice “espíritu navideño” como encontrar a alguien que ya no respira sobre un colchón en la vía pública.

Los vecinos, esos héroes anónimos del cotilleo barrial, fueron los primeros en notar que algo andaba mal. Su radar de chismes se activó cuando vieron que el individuo en situación de calle que usualmente dormía allí llevaba demasiado tiempo quieto. ¿Estará profundamente dormido o profundamente muerto?, debieron preguntarse. Ante la duda, y demostrando una eficacia envidiable, optaron por lo más sensato: marcar al 911. Más vale prevenir que lamentar, ¿no?

Vecinos del lugar refieren que el hoy occiso es un individuo en situación de calle que comúnmente dormía en esta calle, por lo que se les hizo extraño ver que no se movía.

Así comenzó el circo. Llegaron los paramédicos de la Cruz Roja, confirmaron lo obvio —que efectivamente, estaba muerto— y dieron parte a las autoridades. Porque ese es el protocolo: tú encuentras el cuerpo, nosotros constatamos que es un cuerpo, y luego llamamos a los que se encargarán del cuerpo. Una cadena de mando perfectamente aceitada para gestionar la tragedia.

El despliegue oficial ante lo inevitable

No podían faltar. Los elementos de la Guardia Estatal y la Fiscalía General arribaron al sitio con esa mezcla de solemnidad y rutina que caracteriza estos eventos. Su misión: acordonar el área con esa cinta amarilla que tanto nos fascina y realizar las “indagatorias pertinentes”. ¿Pertinentes para qué? Para determinar, supongo, que un hombre sin hogar fue encontrado muerto en la calle donde solía dormir. Un misterio digno de Sherlock Holmes.

La calle fue cerrada. El tráfico, desviado. Todo debe detenerse mientras se realiza el levantamiento del cadáver y la necropsia de ley. Porque la burocracia de la muerte es implacable: formularios, procedimientos, esperas. Se estima que el cierre durará “un par de horas”, aunque todos sabemos que ese “par” puede estirarse más que un chicle pegado en el pavimento.

Y mientras tanto, ¿qué sabemos? Poco. Que era un hombre. Que aparentemente tenía lesiones en su cuerpo. ¿De qué tipo? No se especifica. Podrían ser desde moretones hasta señales de algo más siniestro. El comunicado oficial es tan vago que da pie a toda clase de especulaciones innecesarias y morbosas. ¿Se cayó? ¿Lo empujaron? ¿Le dio un patatús después de una cena cuestionable recuperada de un contenedor? El silencio oficial es el mejor aliado de la imaginación popular.

Lo más irónico del asunto es el escenario: una colonia llamada 15 de enero, una calle llamada 23 de diciembre. La muerte no respeta calendarios ni nomenclaturas festivas. Se instala donde quiere, incluso entre calles cuyo nombre evoca regalos y propósitos de año nuevo.

Al final del día, queda una pregunta flotando en el aire cargado de indiferencia urbana: ¿cuántas personas deben morir en el anonimato antes de que su paseo sea algo más que una nota policial breve? Hoy fue un hombre sin nombre en la calle 23 de diciembre. Mañana podría ser cualquiera.

¿Esta nota te hizo reflexionar (o por lo menos arquear una ceja)? Compártela con ese amigo al que le gusta comentar las noticias con un tono igualmente cáustico. Y si te interesa estar al tanto del pulso real –y a menudo absurdo– de la ciudad, explora más contenido como este.

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Diplomacia vaticana: reunión clave mientras la visita papal flota en el aire

El embajador en El Vaticano se reúne con Segob mientras la invitación al papa sigue en el limbo. ¿Visita papal o eterna espera?

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La diplomacia mexicana con el Vaticano: mucho protocolo, poca confirmación y un papa en standby

Ahí va la cosa. Este martes, Alberto Barranco Chavarría, nuestro embajador ante la Santa Sede –sí, ese puesto existe y alguien lo tiene–, se sentó con Rosa Icela Rodríguez de Gobernación y Clara Luz Flores de Asuntos Religiosos. La agenda: revisar los asuntos bilaterales. O sea, la relación México-Vaticano, que suena a trama secundaria de una serie política pero aparentemente es importante.

“Siempre respetuosa y constructiva”, dijo Rodríguez sobre la reunión.

Traducción millennial: “Nos llevamos bien, no hubo drama, pero tampoco anunciamos nada espectacular”. Es el equivalente diplomático a poner “✨” en una historia de Instagram.

Pero hablemos de lo que todos queremos saber: ¿Y el papa? ¿Cuándo viene? Porque resulta que la presidenta Claudia Sheinbaum ya le extendió la invitación a León XIV –no confundir con los reyes franceses del pasado– durante una llamada por el Día de la Virgen de Guadalupe. Un movimiento clásico. El problema es que, desde entonces, la confirmación brilla por su ausencia.

El eterno ‘tal vez’ de la visita papal

La semana pasada, Barranco Chavarría estuvo por México para una reunión de embajadores y dejó caer esta perla:

“No hay todavía una respuesta”, dijo el embajador sobre la posible visita.

O sea, ni sí ni no, sino todo lo contrario. El Vaticano tiene a México en “visto”, como ese mensaje importante que nunca contestas. Sheinbaum misma comentó el 15 de diciembre que aún no había fecha. Así que seguimos en modo espera, con la incertidumbre como único plan confirmado.

El contexto importa: Una visita papal no es cualquier cosa. Requiere logística monumental, seguridad extrema y una agenda que equilibre lo espiritual con lo político. Además, León XIV lleva poco tiempo en el cargo –sí, es un nombre curioso para un papa moderno– y probablemente está priorizando otros frentes. Pero para México, especialmente con la devoción guadalupana, sería un evento de primer orden.

Mientras tanto, las reuniones como la de hoy sirven para mantener los canales abiertos. Para asegurar que, cuando (o si) llegue el del Vaticano, todo esté listo. Es diplomacia en su estado más puro: mucha preparación para un evento que puede o no ocurrir.

¿Qué sigue? Seguir esperando. La bola está en la cancha del Vaticano. Mientras tanto, México sigue haciendo su tarea: reuniones formales, declaraciones cuidadosas y ese optimismo cauteloso que caracteriza a las relaciones internacionales cuando hay mucho en juego pero pocas certezas.

¿Te intriga este baile diplomático? Comparte esta nota y hablemos de las relaciones internacionales más inesperadas.

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Banca mexicana registra desaceleración en sus utilidades

Las ganancias del sector bancario muestran una ligera contracción real, en línea con el enfriamiento de la economía nacional.

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Los números están sobre la mesa y pintan un panorama claro: el dinamismo del sector bancario mexicano está perdiendo fuelle. De enero a noviembre del año pasado, las utilidades de la banca que opera en el país sumaron 278 mil 106 millones de pesos. La cifra, aunque monumental, esconde un detalle crucial: una ligera reducción del 0.7% en términos reales comparada con el mismo periodo del año anterior, según los datos más recientes de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV).

Lo que más preocupa a los analistas no es solo esa caída marginal, sino la tendencia. El sector encadena tres meses consecutivos de desaceleración, una señal de enfriamiento que va perfectamente acompasada con el ritmo más lento de la economía mexicana en su conjunto. Parece que, por fin, el ciclo económico está alcanzando a los gigantes financieros.

El impacto del contexto económico en el crédito

Las principales instituciones ya lo venían advirtiendo. A lo largo del año, ejecutivos del sector comentaron que un menor desempeño de la economía se traduciría, inevitablemente, en un menor dinamismo para la banca. La pregunta clave era: ¿hasta qué punto? Los datos de cartera vigente ofrecen una primera respuesta. Al cierre de noviembre, el total de créditos vigentes alcanzó los 8 billones 59 mil 422 millones de pesos, lo que representa un crecimiento real anual del 2.42%. Un avance, sí, pero modesto.

A pesar de este entorno, las autoridades mantienen un tono cautelosamente optimista. Como señaló Emilio Romano, presidente de la Asociación de Bancos de México (ABM):

“Estamos esperando que a cierre de 2025, crezca el crédito a niveles de 4.3% real, 8.3% nominal, y esto con un crecimiento económico del PIB del 0.3% es una gran noticia”.

Esta declaración subraya un esfuerzo por resaltar la resiliencia del sector y su compromiso continuo de financiar tanto al sector productivo como al consumo familiar. Sin embargo, otra métrica crucial emite una señal amarilla: el Índice de Morosidad del sistema se ubicó en noviembre en 2.25%, un aumento de 0.20 puntos porcentuales respecto al mismo periodo del año anterior. Este repunte sugiere que las tensiones económicas comienzan a reflejarse en la capacidad de pago de algunos clientes.

Detrás del agregado: un mosaico de resultados dispares

Al desglosar las cifras por institución, se aprecia que no todos los bancos navegan las mismas aguas. El liderazgo absoluto lo mantiene BBVA México, cuyas utilidades sumaron 90 mil 467 millones de pesos, con un sólido crecimiento real anual del 3.11%. Este resultado le permite acaparar por sí solo el 32.5% del resultado neto total del sistema, consolidando una posición dominante.

La segunda plaza es para Banorte, con ganancias por 42 mil 595 millones, aunque aquí el viento es contrario: registró una caída real del 2.41%. Aún así, conserva una participación robusta del 15.3%.

El podio lo completa Santander, con un desempeño positivo notable: utilidades por 28 mil 866 millones y una variación real anual positiva del 5.12%.

Más abajo en la lista, los movimientos son más bruscos:

  • Inbursa reportó una contracción real severa del 11.76% en sus utilidades (20 mil 436 millones).
  • Banamex, con 15 mil 238 millones, presenta un caso especial sin comparación anual debido a su reciente desincorporación de Citi.
  • Entre los mayores decrecimientos destacan Scotiabank (-12.62%) y especialmente Banco del Bajío, cuya utilidad cayó un significativo 17.16%.
  • En el lado opuesto sobresale HSBC, que logró uno de los crecimientos más vigorosos: sus ganancias aumentaron un 17.53% real anual, alcanzando los 7 mil 896 millones.
  • Cierra el ‘top ten’ Banregio, con una ligera disminución real del 1.48% (5 mil 898 millones).

Este mosaico revela que la desaceleración no es uniforme. Mientras algunos actores logran capear el temporal e incluso crecer con fuerza—como HSBC—otros enfrentan desafíos mayores para mantener su rentabilidad en un entorno macroeconómico más complejo y con una morosidad al alza.
El mensaje final es claro: después de años de bonanza excepcional, la banca mexicana entra en una fase de normalización y ajuste fino a la realidad económica nacional.


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