Un rancho con “encanto” funerario
Alejandro Gertz Manero, nuestro Fiscal General de la República (sí, el mismo que siempre tiene noticias alegres como esta), anunció con el entusiasmo de quien descubre un cupón caducado que en el Rancho Izaguirre —ubicado en el pintoresco Teuchitlán, Jalisco— encontraron restos humanos… pero no cualquiera: ¡con huellas de cremación! Porque nada dice “centro de capacitación narco” como unos huesitos tostaditos. ¿Será que los criminales tomaron un curso de repostería macabra?
“No es un cadáver, es un collage”
Gertz, en su conferencia mañanera (más emocionante que un capítulo de telenovela), detalló: “Son pequeños cuencos con restos que no corresponden a un solo cadáver”. Vaya, resulta que el rancho no era solo un sitio de reclutamiento, sino también un arte abstracto post-mortem. Eso sí, el fiscal —en un arranque de rigor científico— decidió que los peritos no bastaban y pidió ayuda a la UNAM. Porque si vas a investigar huesos quemados, ¿quién mejor que los expertos en… ¿paleontología? ¿Química? ¿O acaso arqueología de lo siniestro?
Y como todo buen misterio, esto viene con próximos capítulos: “En una o dos semanas tendremos más datos”, prometió Gertz, mientras el país espera con palomitas. Eso sí, dejó claro que el rancho era un “centro de reclutamiento narco” (por si el detalle de los restos no era suficiente pista). ¿Moraleja? En México, hasta los ranchos tienen multifuncionalidad criminal.
¿Te sorprende? Comparte esta joya de investigación y sigue explorando cómo el crimen organizado “innova” en nuestro país.




