Porque contar votos es tan fácil como sumar 2+2… ¿o no?
Ah, el INE, ese organismo que nos recuerda que la democracia no es barata. Resulta que, en un giro que nadie vio venir (sarcasmo al 100%), necesitan 232 millones de pesos adicionales para contratar a 25,245 empleados temporales. ¿La razón? Bueno, al parecer, contar votos judiciales es tan sencillo como hacer una lista del supermercado… pero con 300 juntas distritales, miles de boletas y la presión de no equivocarse para que nadie grite “¡fraude!” otra vez.
Y eso que ya tenían un presupuesto recortado de solo 592 millones para pagar a los empleados de siempre. Pero, oh sorpresa, resulta que almacenar documentos, vigilar urnas y hacer matemáticas básicas bajo presión requiere más manos. ¿Quién lo diría? Así que ahora, además de los funcionarios regulares, habrá 22,500 auxiliares (sí, veintidós mil quinientos) dedicados exclusivamente a sumar votitos como si fueran puntos en un examen de primaria. Cada uno ganando entre 15,000 y 17,500 pesos por… ¡15 días de trabajo! No está mal para un empleo temporal, ¿eh?
La tinta indeleble: el arma secreta contra el “voto doble”
Mientras tanto, el IPN entregó 178,033 frascos de tinta indeleble, esa sustancia mágica que supuestamente dura 12 horas en tu dedo… a menos que uses cloro, porque, claro, en México siempre hay un “listo” que descubre cómo borrarla. La consejera Guadalupe Taddei elogió esta invención como un “gran aporte a la democracia”. Aunque, entre nosotros, si la democracia dependiera solo de un líquido que se quita con lejía, estaríamos en problemas.
Por otro lado, la UAM certificó que la tinta cumple con los estándares… bueno, al menos en el laboratorio. Porque en la vida real, ya sabemos que habrá quien jure que se le borró a los cinco minutos. Pero hey, es mejor eso que nada, ¿no?
Esquivel y el arte de borrar tuits como estrategia electoral
Y hablando de trampas (ejem), la ministra Yasmín Esquivel, aspirante a quedarse en la Suprema Corte, sigue jugando al gato y al ratón con el INE. Por tercera vez, publicó en redes el apoyo de un sindicato (algo prohibido) y, oh casualidad, borró los tuits justo antes de que el INE la sancionara. ¿Coincidencia? ¡Claro que no! Los consejeros, hartísimos, le recordaron que borrar evidencias no la hace inocente, solo más obvia. Pero, ¿qué importa? Total, la Sala Especializada decidirá si esto fue una jugarreta o un “error técnico”. Apostamos por lo primero.
En fin, mientras el INE gasta millones en personal, tinta y paciencia, los candidatos siguen haciendo campañas “ingeniosas” (léase: cuestionables). De los 3,398 aspirantes, solo cinco han pedido protección. Lo cual, considerando el historial de violencia electoral en el país, o es un milagro o hay muchos valientes (o imprudentes).
¿Moraleja? La democracia es cara, complicada y a veces ridícula. Pero aquí seguimos, viendo el espectáculo.
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