La carrera contra el reloj verde
Diputados del Partido Verde y Morena salieron este jueves con una urgencia inusual. Quieren certificar ya productos como el aguacate, la palma, los cítricos y el café. ¿El motivo? Evitar que Europa y Estados Unidos les cierren las puertas por deforestación.
Jesús Martín Cuanalo Araujo, del Verde, lo dijo claro: las nuevas reglas internacionales buscan combatir la tala ilegal. México podría perder acceso a mercados clave si no garantiza la trazabilidad de lo que exporta. Junto con Joaquín Zebadúa Alva, de Morena, presentaron una iniciativa para reformar dos leyes.
“Al talar bosques para producir alimentos, estamos poniendo en riesgo la producción misma y la biodiversidad del país”, advirtió Cuanalo durante su discurso.
La ironía es palpable. Talas bosques para cultivar… pero sin bosques, no hay cultivos. Los legisladores reconocen lo obvio: los bosques regulan temperatura, conservan suelo y dan agua. Destruirlos es dispararse en el pie económico.
Las cifras dan vértigo. Las exportaciones agroalimentarias a Estados Unidos superan los 50 mil millones de dólares. Hablamos de la economía de miles de familias campesinas. El riesgo no es ecológico solamente; es social y brutalmente económico.
La propuesta busca reformar la Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable y la Ley de Comercio Exterior. La idea es facultar a la Semarnat para certificar que los productos estén libres de tala ilegal. Suena bien sobre el papel.
Pero aquí viene mi cinismo habitual: ¿urgente ahora? Las señales internacionales llevan años encendidas. La memoria es corta y la acción, más lenta aún. Proteger ecosistemas mientras se aseguran exportaciones es el equilibrio perfecto… si es que existe.
De aprobarse, prometen proteger ecosistemas y garantizar economía sostenible. Veremos si esta urgencia legislativa se traduce en acción real antes de que los mercados externos decidan por nosotros.




