Otro día, otro derrame: el guion de siempre en Dos Bocas
La noticia llega con el sabor amargo de lo previsible. Petróleos Mexicanos informa que 350 personas trabajan para contener un derrame de hidrocarburo en el Río Seco, Tabasco. El origen: la refinería Olmeca, la misma donde hace dos semanas un incendio cobró cinco vidas.
“Se mantiene un operativo interinstitucional…”, dice el comunicado oficial, citando a Semar, Semarnat y Profepa. La lista de siglas es larga. La transparencia, corta.
Porque hasta ahora, ni Pemex ni la Marina han explicado las causas ni la magnitud real del vertido. Solo sabemos que han colocado barreras y recogido 240 kilos de residuos impregnados. Una cifra risible si se compara con las casi 100 toneladas del desastre de finales de febrero entre Veracruz y Tabasco.
La memoria histórica que Pemex olvida
Aquí es donde el cinismo informado se activa. Esto no es un incidente aislado. Es un capítulo más.
En mayo del año pasado, otro derrame de unos 300 barriles cerca de la terminal de Dos Bocas. A fines de febrero, el mega-vertido interestatal. Y ahora esto, tras un incendio mortal. ¿Patrón? Para las autoridades parece ser solo una desafortunada coincidencia.
La Marina alerta a pescadores para que eviten la zona. Una medida necesaria, sí, pero reactiva. La pregunta que nadie en la rueda de prensa hace con suficiente fuerza es: ¿qué se está haciendo para que esto deje de pasar?
Las acciones de limpieza continúan. Las evaluaciones ambientales también. Mientras tanto, el Río Seco lleva un nombre cada vez más irónico y el Golfo de México absorbe otro golpe. La verdad no necesita mejores abogados, dicen. Necesita menos derrames.




