La tragedia que un charco y un corto causaron
El martes pasado, en medio de las lluvias, algo se desbordó en la refinería de Dos Bocas. No eran solo aguas. Eran ‘aguas aceitosas’, un eufemismo técnico para una mezcla letal esperando su momento.
Ese momento llegó cuando un vehículo pasó sobre un charco de ese líquido. Una cámara de seguridad captó el instante preciso: las chispas del cortocircuito, la explosión súbita, el fuego devorando todo a su paso junto a la barda perimetral.
El saldo es desgarrador. Cinco vidas perdidas. Una, de un trabajador de Pemex. Las otras cuatro, de una compañía externa, atrapadas en su vehículo cuando las llamas los alcanzaron.
A través de las redes sociales se ha difundido un video de una cámara de seguridad donde se observa el paso de un vehículo sobre un charco… consecuentemente, se ve una explosión.
Mientras el video da la vuelta al país, mostrando el origen del desastre con crudeza cinematográfica, hay un silencio ensordecedor desde las alturas. Pemex no ha emitido un comunicado respecto a la grabación difundida.
No es solo un incendio. Es el guion de una tragedia repetida: condiciones riesgosas, procedimientos que fallan y familias que reciben la peor noticia. La política energética se escribe con discursos grandilocuentes, pero aquí, en el barro y el aceite de Tabasco, se ejecuta con fuego y luto.
Cada promesa de seguridad industrial queda hecha añicos frente a estas imágenes. El verdadero ‘derrame’ aquí no fue solo de aguas aceitosas, sino de responsabilidad.




