El cuarto lugar más envidiable (y otros títulos que suenan bien en un discurso)
Parece que en Baja California el dinamismo económico no es solo una palabra de moda en los comunicados de prensa, sino un estado de ánimo permanente, o al menos eso nos quiere hacer creer su gobernadora, Marina del Pilar Ávila Olmeda. Con la solemnidad de quien anuncia el descubrimiento de un nuevo elemento, la mandataria morenista proclamó que el estado no solo atrae capitales internacionales, sino que lo hace con la elegancia de un imán en un taller de chatarra fina: enfocándose en sectores de alto voltaje como los semiconductores, la biotecnología, y las industrias automotriz y aeroespacial. ¡Porque nada dice “innovación” como ser el cuarto en una lista! Aunque, para ser justos, también se adjudicó el primer lugar en… anuncios de inversión. Un logro tan tangible como un like en una red social.
“Baja California es el cuarto estado con más inversión extranjera directa en el país, también el estado número uno con más anuncios de inversión”, afirmó con un optimismo que haría palidecer a un gurú de la autoayuda. Uno se pregunta si hay una ceremonia para esto, o si el podio es meramente metafórico. Lo cierto es que, según su relato, las empresas globales más importantes en chips electrónicos ya han plantado bandera en la entidad. “Tres de las más importantes del mundo las tenemos aquí”, agregó, probablemente esperando una ovación o, al menos, un aumento en el índice de confianza del consumidor.
El talento local: ¿La causa o la consecuencia del festín inversionista?
En un giro narrativo que no sorprende a nadie, la gobernadora vinculó este desfile de inversiones al desarrollo de talento local y a las brillantes políticas de su gestión. “Baja California es un estado competitivo, porque estamos trabajando en talento como nunca antes…”, declaró, en lo que parece ser una ley universal: las inversiones llegan donde se las mima. Y vaya si llegan. Según su testimonio, el ecosistema ya es un zoológico de empresas globales de biotecnología, automotrices y aeroespaciales. Y eso que no mencionó si también llegan las de snacks para las pausas en los laboratorios de alta tecnología.
Pero he aquí la perla de realismo en el mar de autobombo: reconoció la dinámica natural del mercado. En cristiano: “es decir las empresas siguen volteando a ver a Baja California, y ciertamente cierran algunas empresas… Pero al mismo tiempo se abren muchas otras más, es normal en el mercado”. ¡Toma ya! Una admisión de que, en el capitalismo, lo que sube puede bajar, y lo que cierra puede abrirse dos calles más allá. Una visión tan profunda como decir que el agua moja, pero que queda muy bien para dar un aire de pragmatismo entre tanta euforia.
La prueba definitiva: más impuestos y sueldos que dan envidia nacional
¿Y cuál es la evidencia irrefutable de este crecimiento económico y la generación de empleo? Pues, atención al argumento, el incremento en la recaudación del impuesto sobre nómina. “Ha ido creciendo, eso te demuestra que hay empleo en Baja California”, sentenció. Una lógica impecable: si el gobierno recauda más por los salarios, es porque hay más salarios. Casi como descubrir el fuego. Pero no se detuvo ahí. Lanzó la bomba salarial: “somos el estado en el país con los salarios más altos, no nada más en la franja fronteriza. Somos el único estado en la república donde el estado tiene los salarios más altos que en el resto del país”. Una afirmación tan absoluta que casi pide ser verificada con la lupa de la estadística, pero que sin duda hará suspirar a los trabajadores de otras entidades.
Para rematar su discurso, como quien pone la cereza en un pastel ya bastante decorado, precisó: “Baja California mantiene el liderazgo en anuncios y compromisos de inversión a nivel nacional”. O sea, sigue siendo campeón en prometer que las cosas van a ser estupendas. Un liderazgo en el arte de la expectativa, que, quién sabe, quizás algún día se convierta toda en fábricas, laboratorios y empleos bien pagados. Mientras tanto, el cuarto puesto en IED y el primero en anuncios son títulos que, sin duda, lucen bien en el currículum estatal.
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