La ‘solución’ forense: enterrar el problema
La Fiscalía de la Zona Occidente de Chihuahua anunció con cierto alivio administrativo la inhumación de 41 cuerpos. No eran números en un informe, eran personas: 37 hombres, tres mujeres y uno cuyo sexo ni siquiera pudieron determinar.
“La inhumación permitirá desahogar de manera parcial las instalaciones del Servicio Médico Forense”, declaró el fiscal Juan Carlos Portillo Coronado.
Ahí lo tienen. El lenguaje oficial convierte una tragedia humana en un problema de logística. ‘Desahogar instalaciones’. Como si hablaran de almacenes llenos de mercancía, no de restos humanos esperando un nombre.
Muertes que narran una realidad violenta
Las causas de muerte son el catálogo macabro de nuestras fallas: homicidio, suicidio, accidentes de tránsito, caídas… y un caso que duele especialmente: inanición. Desnutrición severa. En pleno siglo XXI.
Las autoridades insisten en que hicieron lo protocolario. Edmundo Chacón Lazo, coordinador forense, explica que se tomaron muestras para una posible identificación futura. El procedimiento técnicamente correcto que no consuela a nadie.
“Si en un futuro acude alguien […] se le toman las muestras, se hace el cotejo correspondiente”, detalló Chacón Lazo.
Ese ‘futuro’ es la esperanza frágil de familias que quizás ni siquiera saben que deben buscar aquí. El sistema funciona retroactivamente: primero entierras, luego identificas si alguien aparece preguntando.
Mientras tanto, 41 historias quedan suspendidas en el limbo burocrático. Sus muertes certificadas, sus identidades pendientes. Y las instalaciones forenses, temporalmente ‘desahogadas’, listas para recibir el siguiente cargamento del anonimato.




