Las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre el conflicto con Irán volvieron a generar incertidumbre. Aseguró que considera terminado el alto el fuego alcanzado entre ambas naciones, aunque descartó que los recientes ataques estadounidenses representen un regreso a una guerra prolongada.
El mandatario afirmó que ya no busca un nuevo acuerdo con Teherán y sostuvo que Washington podría > “terminar el trabajo” si la situación lo requiere.
Rumbo incierto tras el cese al fuego
La postura cambiante de Trump ha sembrado dudas sobre el conflicto, apenas semanas después de que ambas partes alcanzaran un acuerdo provisional. Mientras él endurece su discurso y autoriza nuevas operaciones militares contra objetivos iraníes, varios países mantienen gestiones de emergencia para evitar el colapso del cese al fuego y frenar una nueva escalada en Medio Oriente.
Fuentes diplomáticas indican que Pakistán, Qatar, Egipto, Turquía y Arabia Saudita encabezan los esfuerzos para rescatar el acuerdo. Estados Unidos acusa a Irán de atacar embarcaciones en el estrecho de Ormuz y de retrasar las negociaciones sobre su programa nuclear. Teherán, por su parte, sostiene que Washington ha incumplido los compromisos pactados y no ha garantizado el respeto al alto el fuego en otros frentes, como Líbano.
Especialistas consideran que Trump podría usar la presión militar como herramienta de negociación. Michael Eisenstadt, analista del Washington Institute for Near East Policy, señaló que las amenazas presidenciales buscan fortalecer la posición de EE. UU. en las conversaciones, aunque advirtió que una escalada podría derivar en un conflicto mayor. Ali Vaez, del International Crisis Group, alertó que la presión coercitiva puede desencadenar la guerra que se pretende evitar.
Además de las implicaciones militares, una nueva escalada amenaza con elevar los precios internacionales del petróleo y los combustibles, lo que afectaría a los republicanos de cara a las elecciones legislativas de noviembre. Trump minimizó ese riesgo y defendió la necesidad de impedir que Irán desarrolle armas nucleares, aunque reconoció que el mercado petrolero influye directamente en la economía estadounidense.




