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Internacional

Trump e Irán intercambian amenazas mientras crecen las protestas

Un intercambio de amenazas en redes sociales eleva la tensión mientras las calles iraníes arden por la crisis económica y el descontento social.

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Un Duelo Diplomático en la Era de los Tuits

Parece que la diplomacia internacional ha encontrado su nuevo campo de batalla: las redes sociales. Este viernes, el expresidente estadounidense Donald Trump y varios altos dignatarios iraníes decidieron que la forma más sofisticada de manejar una crisis era intercambiarse amenazas públicas como si estuvieran en el patio de un colegio, pero con consecuencias geopolíticas un pelín más graves. Mientras, en las calles de la república islámica, las protestas populares –alimentadas por una moneda, el rial, que se desploma más rápido que las promesas de un político– se extendían, añadiendo leña a un fuego que ya ardía desde que el Pentágono decidió hacer de arquitecto de interiores en instalaciones nucleares iraníes en junio. La tensión bilateral entre Washington y Teherán, como era de esperar, subió otro escalón hacia lo absurdo.

El balance, hasta el momento, es de al menos siete fallecidos en la violencia que rodea las movilizaciones. Multitudes cada vez más grandes corean consignas antigubernamentales, demostrando que cuando la economía se va al garete, la paciencia ciudadana suele seguirle el mismo camino. ¿El detonante? Una combinación letal de inflación galopante y un desesperante sentimiento de descontento social.

¿De qué se quejan esta vez? Breve repaso de un déjà vu

Las manifestaciones actuales, que ya van por su sexto día, son las más concurridas desde las históricas de 2022 por la muerte de Mahsa Amini. Aunque, para ser justos, todavía no han alcanzado la intensidad nacional de aquel estallido. Por ahora, el gobierno iraní puede respirar (ligeramente) aliviado porque la gente parece estar más enfadada por no poder llegar a fin de mes que por los códigos de vestimenta, lo cual es un consuelo bastante triste si lo piensas.

Todo este circo mediático-diplomático comenzó, como tantas cosas en estos días, con una publicación en redes sociales. Trump, desde su plataforma Truth Social, se lanzó a jugar al héroe internacional advirtiendo a Irán que si “mata violentamente a manifestantes pacíficos”, Estados Unidos “acudirá a su rescate”. Una declaración tan vaga como pomposa, sin detalles, pero con la contundencia de un meme. “Estamos listos y preparados para actuar“, sentenció el mandatario, dejando a todo el mundo preguntándose si “actuar” significaba enviar tropas o simplemente otro tuit aún más furibundo.

La respuesta iraní, por supuesto, no se hizo esperar y llegó por el mismo conducto: la red social X. El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, replicó que el pueblo iraní rechaza cualquier interferencia extranjera y que sus fuerzas armadas “saben exactamente dónde apuntar”. Un guiño sutil, supongo, a la soberanía nacional y a los sistemas de guiado de misiles. Pero el premio a la teoría conspirativa más recurrente se lo llevó Alí Larijani, ex presidente del Parlamento, quien sin ofrecer ni una pizca de evidencia acusó a Israel y Estados Unidos de azuzar las protestas. Porque, claro, en Teherán es inconcebible que la gente proteste por motivos propios; siempre debe haber un villano extranjero detrás.

Larijani, en un arranque de advertencia profética, añadió que la intervención de EEUU se traduciría en “caos en toda la región”. Por si alguien no se había dado cuenta, la región no es precisamente un oasis de tranquilidad en estos momentos. También sugirió al pueblo estadounidense que “cuidara de sus propios soldados”, un consejo tan útil como inesperado viniendo de un alto funcionario iraní.

La Retórica se Encuentra con la (dura) Realidad

Mientras los líderes jugaban al ping-pong con las amenazas, un funcionario estadounidense anónimo (porque hablar claro con nombre y apellido está sobrevalorado) confesó que, hasta el viernes, no había cambios importantes en los niveles de efectivos en Oriente Medio. O sea, mucho ruido y pocas nueces, al menos por ahora. No obstante, Irán, en un intento de darle un toque de formalidad al asunto, envió una carta a la ONU pidiendo que condene la retórica de Trump y reafirme su “derecho inherente” a defenderse. Su embajador, Amir Saeid Iravani, dejó claro que Estados Unidos sería “plenamente responsable” de cualquier consecuencia. Una jugada clásica en el manual de relaciones internacionales: cuando las cosas se ponen feas, se manda una queja formal.

Pero el verdadero zasca retórico vino de Alí Shamkhani, asesor del líder supremo, quien advirtió que “cualquier mano intervencionista que se acerque demasiado a la seguridad de Irán será cortada”. Una metáfora tan gráfica que casi se pueden sentir los dedos volando. Lo curioso es que este respaldo explícito de Trump a los manifestantes rompe con la tradición de presidentes anteriores, como Barack Obama, quien durante el Movimiento Verde de 2009 optó por la cautela. Obama luego dijo que fue un error. Trump, evidentemente, ha decidido aprender de los errores… de los demás, cometiendo los suyos propios.

Los analistas, como Naysan Rafati del International Crisis Group, señalan el riesgo obvio: el gobierno iraní usará estas declaraciones como “prueba” de que las protestas son orquestadas desde fuera, lo que podría justificar una represión más violenta. Y esa represión, irónicamente, podría provocar la misma intervención estadounidense que Trump insinúa. Un bucle de profecía autocumplida perfecto.

Mientras tanto, en las calles, la situación seguía su curso. Videos en redes sociales –esa fuente de verdad incuestionable– mostraban protestas en varias ciudades, incluidos puntos de Teherán. En Zahedán, los entierros de manifestantes fallecidos se convertían en nuevas marchas. En un video particularmente dramático, dolientes ahuyentaban a las fuerzas de seguridad durante el funeral de Amirhessam Khodayari, un joven de 21 años. Su padre negaba que su hijo fuera parte de la fuerza Basij, desmintiendo la versión oficial, y hasta la agencia semioficial Fars expresó dudas. Cuando hasta tus propios medios empiezan a cuestion

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La UE prioriza el gasto militar en su paquete de ayuda a Ucrania

La UE destina 60.000 millones de euros a defensa ucraniana, condicionando el apoyo a reformas democráticas y lucha anticorrupción.

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La UE prioriza el gasto militar en su paquete de ayuda a Ucrania

Bruselas ha desvelado los detalles de un plan financiero masivo para sostener a Ucrania durante los próximos años. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, confirmó este miércoles que la mayor parte de un nuevo programa de préstamos por valor de 90.000 millones de euros se destinará directamente a necesidades militares y defensivas.

El desglose es claro: 60.000 millones de euros (unos 70.000 millones de dólares) irán a apoyo militar, mientras que los 30.000 millones restantes se dedicarán a ayuda presupuestaria para estabilizar la economía ucraniana. Esto no es casualidad.

“Todos queremos la paz para Ucrania, y para eso Ucrania debe estar en una posición de fuerza”, declaró Von der Leyen al explicar la lógica detrás del gasto.

La estrategia europea se basa en una premisa simple pero costosa: la paz negociada solo llega desde una posición de fortaleza. Y construir esa fortaleza requiere armamento, equipamiento y una base industrial defensiva integrada con Europa.

Un paquete condicionado por reformas y contexto financiero

Pero el dinero no llega sin condiciones. Von der Leyen fue tajante:

“Estas condiciones no son negociables para ningún apoyo financiero”.

Ucrania debe emprender reformas democráticas profundas, con especial énfasis en el estado de derecho y la lucha contra la corrupción. Este punto es especialmente delicado dado el historial del país y las recientes tensiones internas, incluida la dimisión del jefe de gabinete presidencial Andrii Yermak tras una investigación anticorrupción.

El contexto financiero es apremiante. El Fondo Monetario Internacional estima que Ucrania necesitará unos 137.000 millones de euros entre 2026 y 2027. El paquete europeo cubre gran parte, pero no todo. La UE espera que otros aliados como Reino Unido, Canadá, Japón y Noruega ayuden a cerrar esa brecha, mientras el FMI prepara su propio préstamo multimillonario para el próximo mes.

El calendario es ajustado. La Comisión quiere que los fondos empiecen a fluir en abril, pero antes necesita el visto bueno de los países miembros y del Parlamento Europeo. Una vez aprobado, el dinero militar se usará principalmente para comprar equipos dentro del área económica europea (UE y países como Noruega), aunque se dejará una puerta abierta a adquisiciones fuera si resultan más efectivas.

Hay otro mecanismo interesante: en algunos casos, parte del dinero podría canalizarse a través de un esquema de la OTAN para que aliados europeos y Canadá compren armamento estadounidense y lo donen directamente a Kiev. Es un guiño a la interoperabilidad transatlántica.

La conclusión es clara: Europa está haciendo una apuesta estratégica a largo plazo. No se trata solo de mantener a Ucrania a flote económicamente, sino de fortalecer su capacidad defensiva mientras la ancla institucionalmente al bloque mediante reformas y una integración más profunda en su base industrial militar.
El mensaje subyacente para Moscú es tan económico como político: la UE está dispuesta a sostener este esfuerzo durante años, vinculando la reconstrucción futura al pago de reparaciones por parte de Rusia una vez finalice el conflicto.


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Internacional

Trump ordena a somalíes con TPS abandonar EE.UU. en marzo

La administración Trump cancela la protección a cientos de somalíes, en una medida que intensifica su agenda de deportación y genera protestas.

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¡Temporal significa temporal! (Excepto cuando no)

Ah, la poesía burocrática. “La temporalidad significa temporalidad”, declaró con la solemnidad de un oráculo la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem. Qué frase tan profunda, tan filosófica. Casi tan profunda como el compromiso de esta administración con la coherencia. Porque, claro, cuando se trata de poner “a los estadounidenses primero”, ¿qué mejor manera que darle un ultimátum a 705 personas en un país de 330 millones? Una verdadera operación de seguridad nacional.

El gobierno del presidente Donald Trump anunció que pondrá fin al Estatus de Protección Temporal (TPS) para inmigrantes de Somalia. Sí, otra joya más en la corona de su agenda de deportación masiva. Porque nada dice “América First” como desestabilizar las vidas de cientos de personas que son, atención al dato, un “pequeño subconjunto” entre casi 1.3 millones de inmigrantes con TPS. Prioridades, ¿verdad?

Los somalíes afectados deben abandonar Estados Unidos antes del 17 de marzo, cuando expiren las protecciones existentes, extendidas por última vez por el expresidente Joe Biden.

Marzo. Una fecha límite perfecta. No muy lejana para causar pánico inmediato, pero lo suficientemente próxima para que planificar tu vida o tu huida sea un deporte extremo. Y todo esto ocurre mientras Minneapolis —hogar de una gran comunidad somalí— hierve por el asesinato de una manifestante a manos de un agente del ICE. Pura casualidad, sin duda.

La “mejoría” somalí y otras ficciones legales

El Departamento de Seguridad Nacional justifica la medida con un argumento que haría sonrojar a un novelista barato: las circunstancias en Somalia “han mejorado hasta el punto” de que ya no cumple los requisitos para el TPS. Me pregunto qué métricas usan para medir esa “mejoría”. ¿Menos balas por metro cuadrado? ¿Sequías ligeramente más cortas? Porque el pequeño detalle es que Somalia sigue siendo una de las naciones más pobres del mundo, asediada por décadas de conflicto crónico y desastres naturales.

Pero no me crean a mí. Crean al propio informe del Congreso de 2025, que señala que los somalíes habían recibido más de dos docenas de extensiones debido a la perpetua “inseguridad y el conflicto armado en curso que presentan serias amenazas para la seguridad”. ¿Serias amenazas? Bah, minucias. Probablemente solo sean exageraciones de quienes no entienden que “temporal” es un concepto flexible… hasta que a alguien se le antoja que ya no lo es.

Y aquí entra el toque personal del expresidente. Trump ha dirigido una retórica particularmente creativa contra los inmigrantes somalíes. Los ha acusado de defraudar programas federales y, en diciembre, soltó esta perla:

Dijo que no quería somalíes en Estados Unidos, afirmando que “vienen del infierno” y “no contribuyen en nada”.

Vienen del infierno. Una descripción geopolítica impecable. Sin distinciones entre ciudadanos y no ciudadanos, porque ¿para qué complicarse con detalles legales cuando tienes un buen eslogan?

La obsesión personal convertida en política pública

El capricho no termina ahí. Trump ha tenido palabras especialmente cariñosas para la representante Ilhan Omar, demócrata de Minnesota que emigró de Somalia siendo niña y es, oh sorpresa, ciudadana estadounidense. El mandatario ha sugerido repetidamente su deportación (genial idea, deportar a una congresista electa) y en un arrebato otoñal la llamó “basura”. Clase y elegancia desde la Oficina Oval.

Omar, quien ha criticado abiertamente el despliegue del ICE en Minneapolis, ha calificado esta fijación como “espeluznante e malsana”. Y uno piensa: ¿será que toda esta movida contra el TPS somalí es política pública meticulosa o simplemente el rencor personal escalado a nivel federal? Nunca lo sabremos… aunque las pistas apuntan fuerte a lo segundo.

El Congreso estableció el programa TPS en 1990 para ayudar a personas huyendo de condiciones inestables y amenazantes. Somalia recibió la designación en 1991 bajo George H.W. Bush debido a una guerra civil. Se ha extendido durante décadas porque —sorpresa— las condiciones inestables y amenazantes persistían. Hasta ahora, aparentemente.

Así que ahí están: cientos de personas atrapadas entre la retórica incendiaria de un expresidente obsesionado, una secretaria que repite eslóganes como mantras y un país de origen al que, según los papeles oficiales, ya no le pasa nada suficientemente malo como para merecer compasión.

Todo muy temporal. Todo muy absurdo.


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Internacional

Protestas y demanda judicial contra redadas de ICE en Minnesota

Estudiantes y activistas enfrentan redadas migratorias en Minneapolis, mientras autoridades estatales presentan demandas para detener las operaciones federales.

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Tensión en Minneapolis por despliegue masivo de agentes migratorios

Las calles de Minneapolis se llenaron de tensión y gas lacrimógeno este martes. Agentes federales lanzaron gases y rociaron irritante contra activistas que protestaban cerca del lugar donde Renee Good fue fatalmente baleada la semana pasada por un agente de inmigración. Escenas caóticas se vivieron mientras un hombre se frotaba los ojos con nieve, gritando pidiendo ayuda, y agentes en un Jeep sin identificación rociaban el irritante naranja antes de alejarse.

“¿Quién no tiene silbato?”, gritó un hombre con una bolsa de ellos.

La protesta no fue aislada. En Brooklyn Park, estudiantes abandonaron sus aulas en solidaridad con el movimiento contra las operaciones migratorias, siguiendo el ejemplo de alumnos en otras partes del país. Este despliegue ocurre mientras Minnesota se convierte en el epicentro de lo que ICE describe como su mayor operación hasta la fecha, con más de 2,000 agentes enviados al estado.

La batalla legal se intensifica

Minnesota no se queda de brazos cruzados. El estado, junto con las ciudades de Minneapolis y St. Paul, presentaron una demanda contra el gobierno federal el lunes, buscando detener o limitar lo que califican como una “invasión federal” a las Ciudades Gemelas.

“Esto es, en esencia, una invasión federal de las Ciudades Gemelas en Minnesota, y debe detenerse”, afirmó el fiscal general del estado, Keith Ellison.

La demanda argumenta que el Departamento de Seguridad Nacional está violando protecciones constitucionales al enfocarse específicamente en un estado progresista que favorece a los demócratres. El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, fue contundente al describir el impacto:

“Lo que estamos viendo son miles —en plural— miles de agentes federales entrando en nuestra ciudad. Y, sí, están teniendo un impacto tremendo en la vida cotidiana”.

Mientras tanto, Brita Anderson, quien vive cerca y acudió a apoyar a amigos del vecindario, expresó su indignación al ver a agentes con equipo táctico completo:

“Sentí que la única razón por la que vendrían aquí es para acosar a la gente”, señaló Anderson.

Respuestas políticas y movilización nacional

La muerte de Renee Good —una madre de tres hijos de 37 años— ha desatado decenas de protestas y vigilias por todo Estados Unidos. Su caso simboliza la creciente tensión entre comunidades locales y las políticas migratorias federales.

El Departamento de Seguridad Nacional reporta más de 2,000 arrestos en Minnesota desde principios de diciembre y promete no retroceder. Tricia McLaughlin, portavoz del departamento, respondió a la demanda acusando a las autoridades estatales:

“El trabajo del presidente Trump es proteger al pueblo estadounidense y hacer cumplir la ley, sin importar quién sea su alcalde, gobernador o fiscal general del estado”.

Pero las críticas continúan. El gobierno federal defiende al agente que disparó contra Good argumentando defensa propia —una versión cuestionada por Frey, el gobernador Tim Walz y otros basándose en videos de la confrontación.

La reacción política se extiende más allá de Minnesota. En Massachusetts, dos legisladores demócratas anunciaron un proyecto de ley para facilitar demandas contra agentes federales acusados de violar derechos civiles —aunque tiene pocas probabilidades en un Congreso controlado por republicanos. En Wisconsin, la vicegobernadora Sara Rodríguez propuso prohibir operativos migratorios cerca de escuelas, hospitales e iglesias.

Lo que viene: Un tribunal federal deberá decidir si suspende las operaciones mientras continúan las protestas. La comunidad observa si la presión legal y social puede cambiar el curso de lo que muchos residentes ven como una presencia militarizada desproporcionada en sus barrios.

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