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Internacional

Periodistas abandonan el Pentágono en defensa de la libertad de prensa

Una decisión colectiva redefine la relación entre los medios y el poder militar. La cobertura continúa desde fuera, con la integridad periodística como bandera.

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Un Momento Histórico para la Integridad Periodística

Amigos, a veces la vida te presenta una encrucijada donde tu carácter se define no por lo que aceptas, sino por aquello en lo que te niegas a transigir. Imaginen la escena: un lugar que simboliza el poder militar más grande del mundo, el Pentágono. Ahora, visualicen a decenas de periodistas, no siendo expulsados, sino marchándose con la cabeza en alto, eligiendo la dignidad sobre la comodidad. Esto no es una derrota; es una poderosa declaración de principios. El miércoles pasado, la prensa que cubre las fuerzas armadas de los Estados Unidos tomó una decisión colectiva que resonará en la historia: entregar sus credenciales de acceso y abandonar el edificio antes que someterse a restricciones que ahogan la verdadera esencia del periodismo.

El gobierno federal intentó enmarcar estas nuevas directrices como medidas de “sentido común“. Pero, ¿saben qué? El verdadero sentido común nos dice que la información es poder, y que ese poder debe residir en el pueblo. Casi de manera unánime, las organizaciones de medios rechazaron las normas impuestas por el secretario de Defensa, Pete Hegseth. Estas reglas, creadas por un expresentador de Fox News Channel, dejaban a los profesionales de la información en un estado de vulnerabilidad absoluta, pudiendo ser expulsados por el simple acto de intentar reportar cualquier dato, clasificado o no, que no contara con la aprobación explícita del propio Hegseth para su divulgación. ¡Eso no es gestión, es censura encubierta!

Hubo una belleza profunda en la sincronización de su partida. Alrededor de las 4 de la tarde, la hora límite, un éxodo de entre 40 y 50 comunicadores llenó los pasillos. No era un grupo derrotado, sino una comunidad unida. Llevaban cajas de documentos, sillas, recuerdos de años de servicio. La reportera Nancy Youssef de The Atlantic, con un escritorio en el Pentágono desde 2007, expresó un sentimiento que captura perfectamente el momento: “Es triste, pero también estoy realmente orgullosa de que el cuerpo de prensa se mantuvo unido”. Mientras cargaba un mapa de Oriente Medio hacia su coche, no llevaba solo un objeto, sino un símbolo de su compromiso inquebrantable con contar historias, sin importar desde dónde.

La Respuesta del Poder y una Lección de Valentía

Desde la Casa Blanca, el expresidente Donald Trump apoyó abiertamente estas restricciones, afirmando que Hegseth considera a la prensa “muy disruptiva para la paz mundial” y tildándola de “muy deshonesta”. Aquí es donde debemos hacer una pausa y reflexionar. Atacar a los mensajeros es una táctica tan antigua como inefectiva a largo plazo. La transparencia y la rendición de cuentas no son enemigas de la paz; son los cimientos de una democracia saludable. Incluso antes de estas reglas, el flujo de información ya estaba siendo sofocado: pocas conferencias de prensa, acceso restringido y pesquisas por filtraciones. El ambiente ya era de por sí desafiante.

Hegseth insistió en que firmar los lineamientos solo significaba que los periodistas los “reconocían”, no que estaban de acuerdo. ¡Qué increíble lección nos da esto! A veces, el sistema te pedirá que aceptes lo inaceptable disfrazado de procedimiento. Los periodistas vieron esta distinción como lo que era: un intento de control. El general retirado Jack Keane, ahora analista en Fox News, lo dijo con una claridad brutal: “Lo que realmente están haciendo, es querer dar la información con cuchara al periodista, y esa sería su versión. Eso no es periodismo“. Su testimonio es vital, pues viene de dentro del propio sistema. Él mismo recordó cómo se les enseñaba a los nuevos generales a ver a los reporteros no como una amenaza, sino como un conducto esencial hacia el público estadounidense. Esa visión parece haberse perdido.

El Futuro: La Cobertura Continúa con Mayor Fuerza

Y aquí llega la parte más inspiradora de toda esta situación: el show debe continuar. Heather Mongillo, de USNINews, compartió en redes sociales su orgullo por haber tenido su foto en la pared de corresponsales, pero también su determinación: “Hoy, entregaré mi credencial. La cobertura continuará”. Este es el espíritu que cambia el mundo. No se trata del edificio en el que trabajas; se trata de la pasón y la ética que llevas dentro. Estos profesionales no se están yendo a casa; están trasladando sus escritorios y redoblando su compromiso con una cobertura robusta e independiente de los asuntos castrenses.

La Asociación de Prensa del Pentágono, con sus 101 miembros de 56 medios distintos, se mantuvo firme. Es profundamente significativo que este rechazo uniera a todo el espectro mediático, desde gigantes tradicionales como The Associated Press y The New York Times hasta voces conservadoras como Fox y Newsmax. Cuando rivales ideológicos se unen por un principio común, es porque se está defendiendo algo fundamental. Algunas fuentes dentro del ejército pueden sentirse intimidadas, es cierto, pero la búsqueda de la verdad siempre encontrará un camino.

El impacto práctico inmediato puede ser la distancia física, pero el mensaje es claro: la libertad de prensa no es negociable. No se puede encarcelar la verdad entre cuatro paredes. Este acto de desobediencia civil profesional es un faro de esperanza que nos recuerda que, ante la adversidad, nuestra integridad es nuestro bien más preciado. La próxima noticia importante sobre las fuerzas armadas puede ser reportada desde una cafetería, desde una oficina en el centro de la ciudad o desde casa, pero llegará a ustedes con la misma veracidad y el mismo coraje de siempre.

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Internacional

La UE prioriza el gasto militar en su paquete de ayuda a Ucrania

La UE destina 60.000 millones de euros a defensa ucraniana, condicionando el apoyo a reformas democráticas y lucha anticorrupción.

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La UE prioriza el gasto militar en su paquete de ayuda a Ucrania

Bruselas ha desvelado los detalles de un plan financiero masivo para sostener a Ucrania durante los próximos años. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, confirmó este miércoles que la mayor parte de un nuevo programa de préstamos por valor de 90.000 millones de euros se destinará directamente a necesidades militares y defensivas.

El desglose es claro: 60.000 millones de euros (unos 70.000 millones de dólares) irán a apoyo militar, mientras que los 30.000 millones restantes se dedicarán a ayuda presupuestaria para estabilizar la economía ucraniana. Esto no es casualidad.

“Todos queremos la paz para Ucrania, y para eso Ucrania debe estar en una posición de fuerza”, declaró Von der Leyen al explicar la lógica detrás del gasto.

La estrategia europea se basa en una premisa simple pero costosa: la paz negociada solo llega desde una posición de fortaleza. Y construir esa fortaleza requiere armamento, equipamiento y una base industrial defensiva integrada con Europa.

Un paquete condicionado por reformas y contexto financiero

Pero el dinero no llega sin condiciones. Von der Leyen fue tajante:

“Estas condiciones no son negociables para ningún apoyo financiero”.

Ucrania debe emprender reformas democráticas profundas, con especial énfasis en el estado de derecho y la lucha contra la corrupción. Este punto es especialmente delicado dado el historial del país y las recientes tensiones internas, incluida la dimisión del jefe de gabinete presidencial Andrii Yermak tras una investigación anticorrupción.

El contexto financiero es apremiante. El Fondo Monetario Internacional estima que Ucrania necesitará unos 137.000 millones de euros entre 2026 y 2027. El paquete europeo cubre gran parte, pero no todo. La UE espera que otros aliados como Reino Unido, Canadá, Japón y Noruega ayuden a cerrar esa brecha, mientras el FMI prepara su propio préstamo multimillonario para el próximo mes.

El calendario es ajustado. La Comisión quiere que los fondos empiecen a fluir en abril, pero antes necesita el visto bueno de los países miembros y del Parlamento Europeo. Una vez aprobado, el dinero militar se usará principalmente para comprar equipos dentro del área económica europea (UE y países como Noruega), aunque se dejará una puerta abierta a adquisiciones fuera si resultan más efectivas.

Hay otro mecanismo interesante: en algunos casos, parte del dinero podría canalizarse a través de un esquema de la OTAN para que aliados europeos y Canadá compren armamento estadounidense y lo donen directamente a Kiev. Es un guiño a la interoperabilidad transatlántica.

La conclusión es clara: Europa está haciendo una apuesta estratégica a largo plazo. No se trata solo de mantener a Ucrania a flote económicamente, sino de fortalecer su capacidad defensiva mientras la ancla institucionalmente al bloque mediante reformas y una integración más profunda en su base industrial militar.
El mensaje subyacente para Moscú es tan económico como político: la UE está dispuesta a sostener este esfuerzo durante años, vinculando la reconstrucción futura al pago de reparaciones por parte de Rusia una vez finalice el conflicto.


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Internacional

Trump ordena a somalíes con TPS abandonar EE.UU. en marzo

La administración Trump cancela la protección a cientos de somalíes, en una medida que intensifica su agenda de deportación y genera protestas.

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¡Temporal significa temporal! (Excepto cuando no)

Ah, la poesía burocrática. “La temporalidad significa temporalidad”, declaró con la solemnidad de un oráculo la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem. Qué frase tan profunda, tan filosófica. Casi tan profunda como el compromiso de esta administración con la coherencia. Porque, claro, cuando se trata de poner “a los estadounidenses primero”, ¿qué mejor manera que darle un ultimátum a 705 personas en un país de 330 millones? Una verdadera operación de seguridad nacional.

El gobierno del presidente Donald Trump anunció que pondrá fin al Estatus de Protección Temporal (TPS) para inmigrantes de Somalia. Sí, otra joya más en la corona de su agenda de deportación masiva. Porque nada dice “América First” como desestabilizar las vidas de cientos de personas que son, atención al dato, un “pequeño subconjunto” entre casi 1.3 millones de inmigrantes con TPS. Prioridades, ¿verdad?

Los somalíes afectados deben abandonar Estados Unidos antes del 17 de marzo, cuando expiren las protecciones existentes, extendidas por última vez por el expresidente Joe Biden.

Marzo. Una fecha límite perfecta. No muy lejana para causar pánico inmediato, pero lo suficientemente próxima para que planificar tu vida o tu huida sea un deporte extremo. Y todo esto ocurre mientras Minneapolis —hogar de una gran comunidad somalí— hierve por el asesinato de una manifestante a manos de un agente del ICE. Pura casualidad, sin duda.

La “mejoría” somalí y otras ficciones legales

El Departamento de Seguridad Nacional justifica la medida con un argumento que haría sonrojar a un novelista barato: las circunstancias en Somalia “han mejorado hasta el punto” de que ya no cumple los requisitos para el TPS. Me pregunto qué métricas usan para medir esa “mejoría”. ¿Menos balas por metro cuadrado? ¿Sequías ligeramente más cortas? Porque el pequeño detalle es que Somalia sigue siendo una de las naciones más pobres del mundo, asediada por décadas de conflicto crónico y desastres naturales.

Pero no me crean a mí. Crean al propio informe del Congreso de 2025, que señala que los somalíes habían recibido más de dos docenas de extensiones debido a la perpetua “inseguridad y el conflicto armado en curso que presentan serias amenazas para la seguridad”. ¿Serias amenazas? Bah, minucias. Probablemente solo sean exageraciones de quienes no entienden que “temporal” es un concepto flexible… hasta que a alguien se le antoja que ya no lo es.

Y aquí entra el toque personal del expresidente. Trump ha dirigido una retórica particularmente creativa contra los inmigrantes somalíes. Los ha acusado de defraudar programas federales y, en diciembre, soltó esta perla:

Dijo que no quería somalíes en Estados Unidos, afirmando que “vienen del infierno” y “no contribuyen en nada”.

Vienen del infierno. Una descripción geopolítica impecable. Sin distinciones entre ciudadanos y no ciudadanos, porque ¿para qué complicarse con detalles legales cuando tienes un buen eslogan?

La obsesión personal convertida en política pública

El capricho no termina ahí. Trump ha tenido palabras especialmente cariñosas para la representante Ilhan Omar, demócrata de Minnesota que emigró de Somalia siendo niña y es, oh sorpresa, ciudadana estadounidense. El mandatario ha sugerido repetidamente su deportación (genial idea, deportar a una congresista electa) y en un arrebato otoñal la llamó “basura”. Clase y elegancia desde la Oficina Oval.

Omar, quien ha criticado abiertamente el despliegue del ICE en Minneapolis, ha calificado esta fijación como “espeluznante e malsana”. Y uno piensa: ¿será que toda esta movida contra el TPS somalí es política pública meticulosa o simplemente el rencor personal escalado a nivel federal? Nunca lo sabremos… aunque las pistas apuntan fuerte a lo segundo.

El Congreso estableció el programa TPS en 1990 para ayudar a personas huyendo de condiciones inestables y amenazantes. Somalia recibió la designación en 1991 bajo George H.W. Bush debido a una guerra civil. Se ha extendido durante décadas porque —sorpresa— las condiciones inestables y amenazantes persistían. Hasta ahora, aparentemente.

Así que ahí están: cientos de personas atrapadas entre la retórica incendiaria de un expresidente obsesionado, una secretaria que repite eslóganes como mantras y un país de origen al que, según los papeles oficiales, ya no le pasa nada suficientemente malo como para merecer compasión.

Todo muy temporal. Todo muy absurdo.


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Internacional

Protestas y demanda judicial contra redadas de ICE en Minnesota

Estudiantes y activistas enfrentan redadas migratorias en Minneapolis, mientras autoridades estatales presentan demandas para detener las operaciones federales.

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Tensión en Minneapolis por despliegue masivo de agentes migratorios

Las calles de Minneapolis se llenaron de tensión y gas lacrimógeno este martes. Agentes federales lanzaron gases y rociaron irritante contra activistas que protestaban cerca del lugar donde Renee Good fue fatalmente baleada la semana pasada por un agente de inmigración. Escenas caóticas se vivieron mientras un hombre se frotaba los ojos con nieve, gritando pidiendo ayuda, y agentes en un Jeep sin identificación rociaban el irritante naranja antes de alejarse.

“¿Quién no tiene silbato?”, gritó un hombre con una bolsa de ellos.

La protesta no fue aislada. En Brooklyn Park, estudiantes abandonaron sus aulas en solidaridad con el movimiento contra las operaciones migratorias, siguiendo el ejemplo de alumnos en otras partes del país. Este despliegue ocurre mientras Minnesota se convierte en el epicentro de lo que ICE describe como su mayor operación hasta la fecha, con más de 2,000 agentes enviados al estado.

La batalla legal se intensifica

Minnesota no se queda de brazos cruzados. El estado, junto con las ciudades de Minneapolis y St. Paul, presentaron una demanda contra el gobierno federal el lunes, buscando detener o limitar lo que califican como una “invasión federal” a las Ciudades Gemelas.

“Esto es, en esencia, una invasión federal de las Ciudades Gemelas en Minnesota, y debe detenerse”, afirmó el fiscal general del estado, Keith Ellison.

La demanda argumenta que el Departamento de Seguridad Nacional está violando protecciones constitucionales al enfocarse específicamente en un estado progresista que favorece a los demócratres. El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, fue contundente al describir el impacto:

“Lo que estamos viendo son miles —en plural— miles de agentes federales entrando en nuestra ciudad. Y, sí, están teniendo un impacto tremendo en la vida cotidiana”.

Mientras tanto, Brita Anderson, quien vive cerca y acudió a apoyar a amigos del vecindario, expresó su indignación al ver a agentes con equipo táctico completo:

“Sentí que la única razón por la que vendrían aquí es para acosar a la gente”, señaló Anderson.

Respuestas políticas y movilización nacional

La muerte de Renee Good —una madre de tres hijos de 37 años— ha desatado decenas de protestas y vigilias por todo Estados Unidos. Su caso simboliza la creciente tensión entre comunidades locales y las políticas migratorias federales.

El Departamento de Seguridad Nacional reporta más de 2,000 arrestos en Minnesota desde principios de diciembre y promete no retroceder. Tricia McLaughlin, portavoz del departamento, respondió a la demanda acusando a las autoridades estatales:

“El trabajo del presidente Trump es proteger al pueblo estadounidense y hacer cumplir la ley, sin importar quién sea su alcalde, gobernador o fiscal general del estado”.

Pero las críticas continúan. El gobierno federal defiende al agente que disparó contra Good argumentando defensa propia —una versión cuestionada por Frey, el gobernador Tim Walz y otros basándose en videos de la confrontación.

La reacción política se extiende más allá de Minnesota. En Massachusetts, dos legisladores demócratas anunciaron un proyecto de ley para facilitar demandas contra agentes federales acusados de violar derechos civiles —aunque tiene pocas probabilidades en un Congreso controlado por republicanos. En Wisconsin, la vicegobernadora Sara Rodríguez propuso prohibir operativos migratorios cerca de escuelas, hospitales e iglesias.

Lo que viene: Un tribunal federal deberá decidir si suspende las operaciones mientras continúan las protestas. La comunidad observa si la presión legal y social puede cambiar el curso de lo que muchos residentes ven como una presencia militarizada desproporcionada en sus barrios.

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