Netanyahu en la ONU: Un discurso para la galería (y para las sillas vacías)
Imaginen la escena: el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sube al podio de la Asamblea General de la ONU con la misma energía de un influencer que intenta venderte un curso de criptomonedas después de que todo el mundo sabe que estafó a medio internet. El viernes, el líder israelí ofreció un discurso desafiante que, seamos sinceros, parecía más un monólogo para su base doméstica que un intento genuino de diálogo internacional. Rodeado de críticos y con el fantasma del aislamiento internacional respirándole en la nuca, Netanyahu declaró que Israel “debe terminar el trabajo” contra Hamás en Gaza. Vamos, el clásico “hold my beer” geopolítico.
“Los líderes occidentales pueden haber cedido bajo la presión”, soltó con una seguridad que nos hizo recordar a ese amigo que insiste en que su plan de negocio es infalible. “Y les garantizo una cosa: Israel no lo hará”. La frase, claramente calculada para los titulares, resonó en una sala que, para su desgracia, se parecía cada vez más a una función de teatro con boicot masivo. Delegados de decenas de naciones hicieron la maniobra de salida en masa tan pronto como empezó a hablar, un movimiento que dice más que cualquier comunicado diplomático. ¿Aislamiento? Su definición de diccionario estaba ocurriendo en vivo y en directo.
El escenario: Sillas vacías, gritos y un código QR de los más random
El ambiente dentro del hemiciclo era tan tenso que podías cortarlo con un cuchillo. Mientras Netanyahu hablaba, gritos ininteligibles y algunos aplausos aislados creaban una banda sonora de caos. Las grandes potencias, como Estados Unidos y el Reino Unido, enviaron a diplomáticos de bajo perfil, el equivalente diplomático a mandar un becario a una reunión crucial. Muchos asientos estaban vacíos, y el de Irán estaba decorado con fotos de niños que, según Teherán, fueron víctimas de ataques israelíes. Toda una puesta en escena para el drama geopolítico del siglo XXI.
Como todo buen orador moderno, Bibi no se olvidó de los elementos visuales. Mostró un mapa de la región y, en un giro que nos hizo preguntarnos en qué año vivimos, llevaba un broche con un código QR. Escaneándolo, te llevaba a un sitio web sobre el ataque del 7 de octubre de 2023. Porque nada dice “diálogo internacional” como un código QR en la solapa, como si estuviéramos en una feria de startups y no en la asamblea más importante del mundo. Incluso, en un intento que rayaba en lo surrealista, el gobierno israelí instaló altavoces para transmitir el discurso en Gaza y afirmó que tomó el control de las redes celulares para difundir el mensaje. Spoiler alert: periodistas sobre el terreno no encontraron evidencia de que alguien en Gaza lo estuviera escuchando. Un esfuerzo épico para un público que probablemente tenía cosas más urgentes en qué pensar, como sobrevivir.
Las reacciones: Cansancio en Gaza y acusaciones de falsas justificaciones
Mientras tanto, en Wadi Gaza, los palestinos que siguieron el discurso (si es que lo hicieron) respondieron con una mezcla de agotamiento existencial y una determinación férrea. “Le guste o no, tarde o temprano, el pueblo palestino obtendrá su independencia”, dijo Moneir Talib, un desplazado. Amjad Abdel Daiym añadió una dosis de cruda realidad: “Estamos psicológica, física, moral y financieramente cansados de todo… Cuando dice que quiere continuar la guerra para erradicar a Hamás, sólo veo que la guerra continúa contra personas pobres como nosotros”.
Por su parte, Hamás no se mordió la lengua y acusó a Netanyahu de usar justificaciones falsas para perpetuar el conflicto. “Si realmente le preocuparan sus cautivos, habría detenido su brutal bombardeo”, dijo el grupo en un comunicado. “En cambio, miente y continúa poniendo en peligro sus vidas”. Vamos, un intercambio de acusaciones que ya tiene más temporadas que una telenovela venezolana, pero con consecuencias devastadoramente reales.
Un líder bajo fuego cruzado: Órdenes de arresto y presión creciente
La situación para Netanyahu es más complicada que descifrar los mensajes subliminales en una canción de Bad Bunny. La Corte Penal Internacional ha emitido una orden de arresto contra él por crímenes contra la humanidad, acusaciones que él rechaza de pleno. Mientras, el tribunal supremo de la ONU evalúa una acusación de genocidio presentada por Sudáfrica. Para rematar, países como Australia, Canadá y Francia han reconocido recientemente al Estado de Palestina, y la Unión Europea considera sanciones. Hasta su principal aliado, el presidente estadounidense Donald Trump, puso límites claros al afirmar que no permitirá la anexión israelí de Cisjordania.
El líder palestino, Mahmud Abás, cuyo discurso fue por video luego de que EE.UU. le negara una visa (sí, otro nivel de drama), celebró los reconocimientos pero pidió más acción. “Ha llegado el momento de que la comunidad internacional haga justicia al pueblo palestino“, subrayó. Mientras, Netanyahu se mantiene firme en su oposición a un Estado palestino, argumentando que sería recompensar a Hamás. Una postura que, en el contexto actual, lo pinta cada vez más como una figura a la defensiva en el escenario global.
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