La promesa de paz que nadie cree
Mientras los titulares hablan de la primera reunión entre Irán y Estados Unidos, el supuesto alto el fuego de 15 días en Oriente Próximo ya se está desmoronando. Y todo apunta a Líbano como el punto donde todo salta por los aires.
Los números son brutales: más de 300 fallecidos en apenas dos días de supuesta tregua, según informes locales. La narrativa oficial se resquebraja más rápido de lo que se construyó.
Pakistán, mediador del acuerdo, incluyó a Líbano en el cese de hostilidades, pero Donald Trump y Benjamín Netanyahu han sostenido que el país no formaba parte de él.
Esta contradicción no es un detalle menor. Es la grieta por donde se cuela toda la desconfianza acumulada durante décadas. Teherán respondió retrasando la reapertura del estrecho de Ormuz. Hezbolá lanzó 70 proyectiles contra el norte de Israel en una sola mañana.
Un giro histórico (¿o otra promesa vacía?)
Lo realmente sorprendente vino después. Netanyahu anunció las primeras “conversaciones directas” con Beirut para discutir el desarme de Hezbolá. Histórico, sí. Pero también sospechosamente conveniente tras las exhortaciones públicas de Trump.
Estamos hablando del primer encuentro formal entre países sin relaciones diplomáticas desde 1948. Se reunirán en el Departamento de Estado estadounidense, con Yechiel Leiter y Nada Hamadeh Moawad como embajadores, junto a Ron Dermer, la mano derecha del primer ministro israelí.
El patrón es claro: cada gesto hacia la paz viene acompañado de una escalada en otro frente. Mientras se preparan las conversaciones entre grandes potencias, en el terreno la violencia sigue su propio ritmo.
¿Realmente creen que desarmarán a Hezbolá mediante diplomacia? La historia reciente sugiere que no. Pero incluso el intento ya cambia las reglas del juego regional.
La pregunta real es si estas negociaciones llegarán a algo antes de que la frágil tregua colapse por completo. Los proyectiles siguen volando mientras los diplomáticos preparan sus discursos.




