Un mes después, la promesa de una guerra corta se desvanece
Donald Trump dijo que esto estaba “casi terminado”. Un mes después, la ofensiva conjunta con Israel no solo continúa, sino que se expande. Nuevos actores entran en escena y la volatilidad en Oriente Próximo aumenta, lejos de estabilizarse.
La economía global en la mira
Uno de los últimos movimientos lo dieron los rebeldes hutíes de Yemen. Lanzaron misiles contra Israel en apoyo a Irán, abriendo un nuevo frente. Pero su amenaza real es otra: bloquear el estrecho de Bab al Mandeb.
Esto se suma al cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán. Dos cuellos de botella clave para el comercio internacional ahora bajo presión extrema.
Mientras tanto, Estados Unidos envía miles de soldados más a la región. Infantes de marina y unidades navales. Desde Washington insisten en que no harán una ofensiva terrestre, pero el despliegue habla por sí solo.
Israel mantiene sus ataques sobre infraestructuras estratégicas iraníes. Y a nivel político, las expectativas se derrumban. El régimen iraní no cede; se endurece tras la muerte de su líder supremo, Ali Jamenei.
Teherán rechaza concesiones y exige compensaciones. Las negociaciones mediadas por terceros países están estancadas. Lo que se vendió como una operación quirúrgica y breve ahora muestra todas las señales de un conflicto prolongado y expansivo.
La pregunta ya no es cuándo terminará, sino quién más se sumará y cómo afectará esto a una economía global que observa con nerviosismo cada nuevo movimiento.




