El arte sutil de la diplomacia… con cañonazos
Parece que Estados Unidos ha decidido que la forma más sutil de hacer diplomacia es combinando maniobras militares en el Caribe con operaciones secretas de la CIA. Qué fino tacto, ¿verdad? Según el siempre bien informado The New York Times, Washington está jugando al buen policía y al mal policía, pero con la particularidad de que ambos policías son, en realidad, la misma persona con un nivel alarmante de esquizofrenia geopolítica.
Por un lado, el Gobierno de Trump evalúa opciones tan “encubiertas” como sabotajes, acciones cibernéticas y campañas psicológicas. Porque nada dice “queremos negociar” como un buen ciberataque a las 3 de la mañana. Mientras tanto, y para que la situación no se entienda demasiado, han reabierto discretamente un canal de negociación con Caracas. Todo esto después de que Nicolás Maduro, en un arranque de claridad existencial, insinuara que tal vez, quizás, podría considerar la posibilidad de abandonar el poder… en un plazo de dos años. Una auténtica urgencia, sin duda.
Operación “Lanza del Sur”: Cuando hundir barcos es la parte aburrida
Esta joya de la estrategia, bautizada con el épico nombre de Operación Lanza del Sur, ya nos ha deleitado con el hundimiento de 21 embarcaciones “acusadas” de transportar narcóticos. El resultado: al menos 83 muertos. Las pruebas públicas de estas acusaciones, por supuesto, brillan por su ausencia, porque ¿quién necesita evidencias cuando tienes un portaaviones? La llegada del USS Gerald Ford a la zona parece ser el equivalente geopolítico de ese vecino que aparca su camioneta gigante delante de tu casa para “hablar civilizadamente”.
Los asesores militares estadounidenses, en un alarde de creatividad, han presentado opciones que van desde atacar infraestructuras de carteles hasta golpear unidades cercanas a Maduro. Una escalada que, según los entendidos, podría empezar con esas adorables “operaciones secretas” que tanto gustan en Hollywood. Todo ello mientras Trump acusa públicamente al mandatario venezolano de liderar el llamado cartel de los Soles, una organización que Washington se apresura a incluir en su lista de grupos terroristas. Una movida burocrática maravillosamente conveniente, ya que así podrían autorizar acciones militares sin pasar por el engorroso trámite de pedir permiso al Congreso.
La serena y armada respuesta venezolana
Frente a este despliegue de fuerza y sutileza, el Gobierno venezolano ha respondido con un discurso que es un dechado de coherencia: mensajes públicos de calma y espiritualidad, combinados con llamados a la defensa armada. Maduro exhortó a sus bases a mantener una “serenidad absoluta”, un concepto que adquiere un nuevo significado cuando va seguido de la convocatoria a defender “cada centímetro” del país. Para lograrlo, el partido oficialista PSUV no se ha andado con medias tintas y ha anunciado la creación de 260,000 Comités Bolivarianos de Base. Porque si hay algo que disuade a una superpotencia nuclear, son 260,000 comités de vigilancia de barrio.
En resumen, estamos ante un complejo tablero geopolítico donde la presión militar y la diplomacia encubierta bailan un tango de lo más peculiar. Una partida de ajedrez donde un jugador mueve piezas invisibles y el otro responde creando un cuarto de millón de comités. Qué podría salir mal.
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