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Internacional

Estados Unidos intensifica ofensiva militar contra el narcotráfico en el Caribe

La Casa Blanca redefine el combate al narcotráfico con ataques letales en aguas internacionales, desatando un intenso debate sobre los límites del poder presidencial.

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La Nueva y Peculiar Guerra Contra las Lanchas

Parece que el Pentágono ha encontrado un nuevo pasatiempo favorito: jugar a los barcos, pero con misiles reales. El secretario de Defensa Pete Hegseth, en lo que parece ser su publicación semanal de “Lo que destruí hoy”, anunció con orgullo otro ataque letal contra una pequeña embarcación. Según el relato oficial, esta no era una simple lancha, sino un transporte de narcóticos tripulado por lo que el gobierno ha decidido llamar elegantemente narcoterroristas. Porque, claro, añadir “terrorista” a cualquier cosa automáticamente justifica un conflicto armado, ¿no es así?

La inteligencia, nos aseguran, era “indudable”. Por supuesto que lo era. ¿Acaso alguna vez hemos conocido una inteligencia “dudable” o, Dios nos libre, “equivocada”? Eso sería simplemente ridículo. Así que, con esa certeza infalible que solo los organismos de inteligencia pueden tener, procedieron a eliminar a cuatro hombres. Quiénes eran exactamente, a qué organización pertenecían o si tenían familia, son detalles triviales que, al parecer, no caben en un tuit. Lo importante es el mensaje: el presidente Donald Trump ha declarado una guerra no internacional contra… bueno, contra alguien.

Números Fantásticos y Geografía Creativa

Mientras tanto, el propio Trump aportaba su toque de genialidad matemática y geográfica a la narrativa. En una de sus ya célebres publicaciones en redes sociales, afirmó que la embarcación estaba “cargada con suficientes drogas para matar de 25 a 50 mil personas“. Una cifra tan precisa y científicamente fundamentada que solo puede provenir de un profundo análisis… o de un cálculo rápido hecho sobre la marcha. Lo más hilarante, sin embargo, fue la insinuación de que este barco, que estaba frente a la costa de Venezuela, estaba “entrando en territorio estadounidense“. Porque, como todos sabemos, la soberanía marítima es un concepto elástico que se estira convenientemente para justificar una operación militar. ¿Quién necesita tratados internacionales cuando se tiene un par de misiles?

Este espectáculo pirotécnico en el Caribe es el cuarto de su clase, y el más reciente desde que se supo que Trump está tratando a los narcotraficantes como combatientes ilegales. Una designación maravillosamente vaga que abre la puerta a un uso de la fuerza militar que, de otro modo, requeriría molestas conversaciones con el Congreso. Porque, seamos sinceros, pedir permiso es tan anticuado.

Para aquellos que prefieren la burocracia a los tuits, el gobierno de Trump expuso su justificación en un memorando. Un documento que, nos imaginamos, debe estar lleno de frases legales muy serias que esencialmente dicen: “Podemos porque decimos que podemos”. El memorando afirma que “Estados Unidos está en un conflicto armado no internacional con estas organizaciones terroristas designadas”. “No internacional” es un término particularmente ingenioso, ¿no les parece? Es como una guerra, pero sin las aburridas formalidades de declarársela a otra nación. Es una guerra contra un concepto, una lucha contra el narcoterrorismo que puede ocurrir donde y cuando al Comandante en Jefe le plazca.

Los Aplausos y las Dudas

En el circo político, no pueden faltar los aplaudidores. El senador Jim Risch, con la lógica impecable de quien nunca ha tenido que esconderse de un dron, salió a defender la autoridad presidencial. Según él, el presidente tiene poderes inherentes bajo la Constitución para hacer esto sin molestar al Congreso. Su pregunta retórica fue una joya: “¿Qué podría ser una defensa más grande de este país que mantener fuera este veneno que está matando a miles de estadounidenses cada año?”. Es una lógica fascinante: para salvar a los estadounidenses de las drogas, debemos bombardear a personas en otros países, sin un proceso judicial y basándonos en una inteligencia que no estamos obligados a mostrar. ¿Alguien ha visto por ahí el Premio Nobel de la Paz?

Mientras los políticos debaten poderes generales, en las redes sociales surgió una voz disonante que planteó una idea radical: “En las lanchas no van narco terroristas. Los narcos viven en EEUU, Europa y Dubai. En esa lancha van jóvenes caribeños pobres”. Qué concepto tan revolucionario y probablemente incómodo. Sugerir que los peces gordos del narcotráfico no están en botes destartalados siendo un blanco fácil para un misil, sino en mansiones y rascacielos, es casi una herejía. Destruye toda la narrativa de la guerra heroica.

El video del ataque, disponible en línea para el morbo de todos, muestra la fría eficiencia de la operación: una pequeña embarcación navegando tranquilamente, una explosión repentina, un chorro de agua y, acto seguido, el barco consumido por las llamas. Es la cruda realidad de esta estrategia de seguridad nacional, empaquetada para su consumo inmediato. No hay caras, no hay historias, solo llamas sobre el agua. Muy cinematográfico.

Lo que hace todo esto aún más absurdo es que los mismos funcionarios del Pentágono que informaron a los senadores no pudieron proporcionar una lista clara de las organizaciones terroristas designadas que son el centro de este supuesto conflicto. Imagínense: estamos en una guerra contra enemigos cuyos nombres no podemos enumerar con certeza. Y cuando la prensa, en su impertinente afán por los detalles, pregunta por más información, el Pentágono los redirige amablemente a… la publicación de Hegseth en redes sociales. Porque la política exterior del siglo XXI se basa en las actualizaciones de estado. El gobierno de Venezuela, por su parte, ha optado por la elocuente estrategia del silencio, probablemente demasiado ocupado o demasiado exasperado para comentar.

Así las cosas, con al menos 21 vidas cobradas en estos cuatro ataques y una presencia militar en el Caribe que no se veía en tiempos recientes —ocho buques de guerra y más de 5.000 marineros e infantes de marina—, el escenario está listo para una escalada. Una ofensiva contra el crimen organizado que se libra con fuerzas marítimas desplegadas de manera estable, según funcionarios anónimos. Todo esto sin una aprobación explícita del Congreso, basándose en una reinterpretación de los poderes presidenciales que, sin duda, hará las delicias de los constitucionalistas durante años.

En resumen, nos encontramos ante un episodio de política exterior donde los tuits son comunicados oficiales, los memorandos legales justifican guerras no internacionales y los jóvenes en una lancha se convierten en narcoterroristas por decreto. Es un mundo valiente y nuevo, donde la lucha contra las redes de narcotráfico se simplifica en espectaculares explosiones sobre el agua, mientras las complejas raíces del problema y los verdaderos capos permanecen cómodamente fuera de foco. Una tragicomedia geopolítica en alta definición, patrocinada por el contribuyente estadounidense.

¿Te intriga este enfoque bélico contra el narcotráfico? Comparte este análisis en tus redes sociales y dinos qué piensas sobre esta nueva estrategia. Explora más contenido relacionado con la política internacional y la seguridad global en nuestro sitio.

Internacional

Inundaciones en Tailandia dejan 145 muertos y devastación

Las aguas retroceden y dejan al descubierto la verdadera magnitud de la catástrofe en el sur del país.

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El agua baja y la cruda realidad emerge

Parece que la naturaleza quiso hacer su propia y devastadora versión de “Waterworld” en el sur de Tailandia, y spoiler alert: el final es trágico. Las autoridades confirmaron este viernes que el balance mortal de las inundaciones ha escalado hasta al menos 145 personas. Y lo más cruel es que la verdadera dimensión del desastre se está revelando justo ahora, mientras las aguas, con una calma sospechosa, empiezan a retirarse. Es como si el mar hubiera decidido devolver lo que se llevó, pero solo los escombros y un panorama desolador.

Imaginen la escena: más de 1.2 millones de hogares y 3.6 millones de personas (sí, MILLONES, una cifra que cuesta incluso visualizar) han sido arrasados por este diluvio moderno que azotó 12 provincias del sur. El Departamento de Prevención y Mitigación de Desastres básicamente tiene las manos más llenas que nosotros en un día de rebajas online.

La búsqueda de supervivientes se intensifica

En una conferencia de prensa en Bangkok, el portavoz gubernamental, Siripong Angkasakulkiat, soltó el dato que nadie quería escuchar: las inundaciones se han cobrado 145 vidas en ocho provincias. Pero el golpe más duro lo recibió la provincia de Songkhla, que por sí sola acumula al menos 110 de estas muertes. La única “buena” noticia en este panorama desolador es que, con el descenso de las aguas, los equipos de búsqueda y rescate han podido acceder a zonas que antes eran un acuario de pesadilla, lo que, en un giro macabro, ha hecho que la cifra de fallecidos aumente. No es exactamente el tipo de “éxito” que uno celebra.

Fue justo cuando el nivel del agua empezó a bajar en Songkhla cuando el número de víctimas mortales se disparó. Las noticias muestran a los equipos de rescate adentrándose por fin en áreas residenciales que habían estado literalmente sumergidas, recuperando más cuerpos, especialmente en Hat Yai, la ciudad más importante del sur. Es el típico “lo peor está por venir”, pero en versión catástrofe real.

El paisaje post-apocalíptico que queda tras la riada

Según el informe matutino del departamento de desastres, los niveles de agua han descendido en la mayoría de las zonas, pero en algunos sitios la fiesta (o más bien, la pesadilla) acuática continúa. El Departamento Meteorológico anunció que las lluvias han amainado, pero, por si faltaba algo, soltó la coletilla de que hay posibilidad de tormentas eléctricas en algunas áreas. Porque un poco de drama extra nunca viene mal, ¿verdad?

El caos ha sido de nivel “reinicio de civilización”. Las inundaciones no solo han dejado a miles de personas varadas y las calles intransitables, sino que se han tragado edificios bajos y vehículos como si fueran aperitivos. Los vídeos y fotos que circulan este viernes son directamente de una película de catástrofes: carreteras destrozadas, postes eléctricos abatidos, electrodomésticos y escombros formando montañas surrealistas en las aceras. Y los coches… los pobres coches aparecen volcados o apilados unos sobre otros, como si una mano gigante hubiera jugado a los coches de choque con una furia bíblica, arrastrados por unas corrientes poderosas que no perdonaron nada a su paso.

**Este desastre nos recuerda la fuerza abrumadora de la naturaleza. Si este reportaje te ha impactado, compártelo en tus redes sociales para ayudar a mantener el foco en la crisis y la necesitada ayuda humanitaria. Explora más en nuestra web para estar al día sobre la evolución de esta y otras emergencias globales.**

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Operación israelí en Siria deja 13 muertos en enfrentamientos

Una operación militar desata la violencia más letal en meses, con civiles atrapados en el fuego cruzado y denuncias de una masacre.

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Análisis de la incursión militar en el sur de Siria

Una operación de las fuerzas israelíes en la localidad de Beit Jin, situada en el sur de Siria, derivó en un enfrentamiento letal durante la madrugada del viernes, con un saldo de al menos trece personas fallecidas, según informaron autoridades sirias y testimonios de residentes locales. Este episodio representa el incidente más mortífero atribuido a Israel desde que sus tropas establecieran control sobre una franja de este territorio hace aproximadamente un año. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Siria catalogó el suceso como una “masacre horrible“, enfatizando que entre las víctimas se encontraban mujeres y niños.

La agencia de noticias estatal siria, SANA, detalló que el operativo comenzó con la irrupción de efectivos israelíes en la aldea, con el objetivo declarado de detener a varios hombres de la comunidad. La situación escaló rápidamente cuando los soldados se enfrentaron a la resistencia de los habitantes, respondiendo con un fuego intenso que provocó la huida de decenas de familias y generó una grave crisis humanitaria en la zona.

Versiones en conflicto y desarrollo de los hechos

Desde el bando israelí, se emitió un comunicado oficial el mismo viernes, justificando la acción como una operación de contrainsurgencia dirigida a detener a sospechosos afiliados al grupo militante Jamaa Islamiya. Las autoridades israelíes alegaron que estos individuos planeaban ejecutar ataques inminentes utilizando artefactos explosivos improvisados y cohetes contra territorio israelí. Según su versión, durante el desarrollo de la redada, varios milicianos abrieron fuego contra los soldados, hiriendo a seis de ellos, lo que provocó una respuesta militar que incluyó apoyo aéreo. La operación fue declarada concluida, con todos los sospechosos detenidos y un número no especificado de milicianos abatidos.

Sin embargo, los testimonios locales recogidos por The Associated Press presentan una narrativa sustancialmente diferente. Un funcionario de la aldea, Walid Okasha, afirmó que los fallecidos eran civiles, no combatientes. Entre las víctimas identificadas se encontrarían un hombre, su esposa, sus dos hijos y su hermano, así como otro hombre que había contraído matrimonio apenas el día anterior. Firas Daher, un residente de Beit Jin, describió una escena de extrema violencia, relatando que las tropas irrumpieron alrededor de las 3:00 a.m. y, tras encontrar una “resistencia leve con armas ligeras“, respondieron de manera desproporcionada utilizando drones, helicópteros y fuego de ametralladoras pesadas. “Cada vez que alguien se movía dentro de la aldea o cualquier auto se movía, era atacado. Cuando intentamos llevar a las personas heridas al hospital, atacaban el vehículo que los transportaba“, declaró Daher, ilustrando la precaria situación de los civiles atrapados en el conflicto.

Contexto geopolítico y antecedentes del conflicto

Este violento episodio se enmarca en un escenario regional complejo y en constante evolución. Tras la caída del expresidente Bashar al-Assad en diciembre de 2024, las fuerzas israelíes ocuparon una zona en el sur de Siria que anteriormente funcionaba como una zona de amortiguamiento patrullada por cascos azules de la ONU, bajo los términos del Acuerdo de Separación de Fuerzas de 1974. Desde entonces, el ejército israelí ha llevado a cabo operaciones regulares en aldeas y pueblos dentro y fuera de esta zona, incluyendo redadas para capturar a individuos sospechosos de actividades militantes. Paralelamente, Israel ha ejecutado cientos de incursiones aéreas contra blancos militares sirios y ha abogado por el establecimiento de una zona desmilitarizada al sur de Damasco, argumentando motivos de seguridad nacional.

La respuesta de las autoridades sirias ha sido de una condena unánime, calificando estas incursiones como una violación flagrante de la soberanía nacional. El gobierno sirio hizo un llamado a la comunidad internacional para que adopte “medidas urgentes” que pongan fin a las operaciones israelíes. Cabe destacar que las incursiones israelíes no son un hecho aislado y han encontrado resistencia armada en varias ocasiones. En abril, una operación similar en la ciudad de Nawa desencadenó ataques aéreos israelíes que resultaron en nueve muertes. Un mes antes, enfrentamientos análogos durante una redada en la aldea de Koayiah se saldaron con seis civiles fallecidos. Incluso Beit Jin había sido escenario de una redada previa en junio, donde fuerzas israelíes capturaron a individuos que identificaron como miembros de Hamás —una afirmación que los residentes rechazan— y mataron a un hombre que, según su familia, padecía esquizofrenia.

La estrategia israelí se fundamenta en una doctrina de seguridad preventiva. Israel sostiene que la ocupación de la zona desmilitarizada de 400 kilómetros cuadrados es una medida temporal necesaria para impedir que milicianos se fortalezcan en el área tras el derrocamiento de Assad por insurgentes islamistas. No obstante, los críticos de esta política acusan a Israel de aprovechar la inestabilidad interna de Siria para efectuar una nueva apropiación de tierras, un señalamiento que gana fuerza al considerar que Israel mantiene el control sobre los Altos del Golán, territorio capturado a Siria en la Guerra de 1967 y posteriormente anexado, un movimiento que la mayor parte de la comunidad internacional no reconoce.

La tensión regional se ve exacerbada por la desconfianza mutua entre Israel y el nuevo gobierno sirio, encabezado por el exlíder insurgente Ahmed al-Sharaa. A pesar de no mantener relaciones diplomáticas, ambos países han estado involucrados en negociaciones para alcanzar un potencial acuerdo de seguridad que permita una desescalada. Este último incidente en Beit Jin ocurre, significativamente, en un momento de recrudecimiento de la violencia en la región. Precedido por una serie de ataques aéreos israelíes en el sur del Líbano, donde, según un reporte de la ONU, las acciones israelíes han causado al menos 127

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Perú despliega militares en frontera con Chile ante crisis migratoria

La frontera se convierte en un polvorín mientras miles de migrantes quedan atrapados en un limbo, desatando una crisis sin precedentes.

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Un Llamado a las Armas en la Frontera

En un giro que ha sacudido los cimientos de la diplomacia sudamericana, el presidente interino de Perú, José Jerí, ha lanzado un decreto que resonará en los anales de la historia. Con la convocatoria de un Consejo de Ministros extraordinario, no solo se declarará un estado de emergencia, sino que se desplegarán las Fuerzas Armadas en los confines territoriales, una jugada maestra en este tablero de ajedrez geopolítico teñido por una crisis de inseguridad sin parangón y una marea humana que busca desesperadamente un destino.

Desde las profundidades digitales de la red social X, el mandatario peruano lanzó un mensaje que fue un verdadero rugido de soberanía: “Nuestras fronteras se respetan“. Esta declaración, cargada de una determinación férrea, marca el inicio de una ofensiva sin precedentes para redoblar la vigilancia y contener la violencia desbordada que, según sus palabras, nace del abandono en los pasos fronterizos. La promesa de intensificar los controles de identidad por parte de la policía y los agentes de migraciones es solo el preludio de una tormenta que se avecina.

El Eco de la Tensión en el País Vecino

Mientras Perú afila sus espadas, al sur, la nación de Chile observa con el corazón en un puño. El ministro de Seguridad Pública, Luis Cordero, desde la majestuosidad de Santiago, ha pintado un cuadro desgarrador: una concentración de personas migrantes varadas, atrapadas en un limbo burocrático mientras intentan abandonar el país. Las cancillerías de ambas naciones se encuentran en un diálogo diplomático frenético, una carrera contra el reloj para evitar que la historia se repita y se desate una crisis humanitaria que recuerde a la tragedia de mayo de 2023.

La zona fronteriza, particularmente el complejo de Chacalluta, se ha transformado en un escenario de desesperación. Desde la noche del jueves, las calles han sido testigos de un drama humano donde cientos, sin los papeles necesarios, ven sus sueños hechos añicos. La tensión estalló en una protesta que llevó a la intervención de los temibles Carabineros de Chile, con control de orden público y la sombra de un desalojo inminente colgando sobre los manifestantes. Cordero ha jurado que sus equipos, una alianza de Policía de Investigaciones, Aduanas y control fronterizo, están listos para cualquier contingencia, preparados para defender la línea que divide a dos naciones hermanas.

La Sombra de las Elecciones y una Profecía de Expulsión

Este conflicto fronterizo se intensifica bajo la lúgubre sombra de la incertidumbre política en Chile. El país se prepara para la segunda vuelta de sus elecciones presidenciales, donde el ultraderechista José Antonio Kast, líder del Partido Republicano, se alza como un titán favorito. Con la promesa de una política de mano dura que resonó como un trueno, Kast ha jurado desatar una purga contra la inmigración irregular, anunciando la expulsión de todos los indocumentados.

En un vídeo que ha circulado como un presagio siniestro, el candidato lanzó una advertencia escalofriante: “A los inmigrantes irregulares en Chile les digo que quedan 103 días para que ustedes salgan voluntariamente de nuestra patria“. Este mensaje, un desafío directo al saliente presidente Gabriel Boric, ha añadido una capa de volatilidad extrema a una situación ya de por sí explosiva, convirtiendo el flujo migratorio en el eje central de una carrera electoral que definirá el destino de la región.

Las estadísticas del Censo 2024 son un testimonio mudo de esta transformación monumental: Chile, otrora un país con una población migrante del 0.8%, ahora ve cómo este grupo representa un abrumador 8.8%, con los venezolanos constituyendo un 41.6% de esta masa humana. Esta metamorfosis demográfica ha alimentado la narrativa de que la llegada masiva de extranjeros es el combustible que aviva las llamas de la delincuencia, una percepción que ahora dicta la política y tensa las fronteras hasta el punto de ruptura. En este drama de proporciones épicas, el propósito central de evitar el sufrimiento humano choca contra el muro implacable de la soberanía y el control, en una batalla donde no hay ganadores, solo el eco de la desesperación en los pasos fronterizos.

¿Crees que esta crisis definirá el futuro de Sudamérica? Comparte este análisis crucial en tus redes sociales y explora más contenido sobre los eventos que están moldeando nuestro continente.

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