La fábrica de sueños… reciclados
Parece que en la televisión abierta mexicana la innovación es tan escasa como un final feliz en una tragedia griega. Una mujer que supera obstáculos y encuentra el amor ideal, o una pareja de clases sociales opuestas que no puede estar junta: he aquí los dos únicos guiones que aparentemente conocen los productores. ¿Acaso alguien pidió un menú degustación de clichés milenarios?
Las eternas “La Cenicienta” y “Romeo y Julieta”, esas historias que todos amamos odiar pero que inexplicablemente sobreviven a través de los siglos -y de incontables horarios estelares- son el pan de cada día. En un alarde de creatividad desbordante, de las 81 telenovelas y series estrenadas en Televisa entre 2020 y 2025, un escandaloso 74% (60 producciones) son reversiones de estos arquetipos. Solo 21 (26%) se atrevieron a ser algo diferente. Vaya, todo un récord de originalidad.
¿Alguien dijo ideas nuevas? Qué horror
En el rincón de las historias originales, la saga “Vencer” de Rosy Ocampo parece ser la alumna aplicada que sobresale en un salón lleno de repetidores. Mientras tanto, Pedro Trejo, director de la Escuela de Escritores de la Sogem, observa con resignación cómo las ideas frescas de sus alumnos no son prioridad para las televisoras. ¿Quién necesita creatividad cuando puedes recalentar el guiso de antaño?
Trejo señala con ironía que ahora se opta por remakes para audiencias “viejas” -esas almas que aún creen en la televisión tradicional frente al embate del streaming. “Una vez que empiecen a ver los resultados de este movimiento que está haciendo la sociedad de escritores de México, va a cambiar”, promete, como quien anuncia que el agua mojará. “Hay que hacer nuevos clásicos, porque así como también se está avanzando en el tiempo y hay tantos refritos, se está yendo la gente de las televisoras”. Vaya descubrimiento: el público huye del aburrimiento repetitivo.
Los justificadores profesionales del “refrito”
Perla Farías</strong, quien ha visto el proceso desde ambos lados, nos ilumina con su sabiduría: no hay refrito que sea "igual" al original. Prefiere llamarlos "adaptaciones” -esa palabra mágica que justifica todo-. Y reconoce, con una honestidad que duele, que son más fáciles de vender por cuestiones de presupuesto. “Sabemos que tienen unos grandes costos, entonces cuando tratas de convencer a una plana de ejecutivos de en qué apostar, es más sencillo apostarle y decidir invertir en algo con éxito probado”. En otras palabras: ¿para qué arriesgarse con algo nuevo si podemos seguir ordeñando la misma vaca?
Lucero Suárez, productora de Televisa con 13 creaciones originales y nueve “remakes”, nos asegura con convicción que “La Cenicienta” (atribuida a tantos autores que uno ya no sabe a quién echarle la culpa) y “Romeo y Julieta” (del difunto Shakespeare, que debe revolverse en su tumba cada vez que adaptan su obra) nunca pasarán de moda. “Uno nunca tiene pierde cuando tratas historias de amor y de superación”. Claro, como tampoco se pierde sirviendo arroz día tras día -eventualmente los comensales se aburrirán, pero qué importa-.
El crítico Rubén Aviña aporta el toque de realidad: es momento de buscar historias nuevas, pero esta es la parte más difícil. Así que mejor se recurre al método probado: entregar el guion a varios escritores frustrados que no pueden explorar su creatividad. “Los adaptadores que tenemos ahora son escritores frustrados, pueden ser muy buenos, pero no se les da la oportunidad de hacer sus historias y los dejan como adaptadores, entonces le meten de su cosecha y se dividen los capítulos: el que hizo el capítulo 17 no sabe de qué van los primeros”. Un caos creativo que explica por qué algunas telenovelas parecen escritas por un comité de esquizofrénicos.
El legado que persiste a pesar de todo
Entre tanto refrito, brilla el legado de Yolanda Vargas Dulché, con joyas como “Rubí”, “María Isabel” y “Yesenia”. Sus obras han permeado tanto la cultura que hasta Bad Bunny las menciona en su canción “Un Coco”: “Te disfrazaste de Rubí y eras Teresa”. Emoé de la Parra, actriz e hija de la escritora, comenta: “Mi mamá sostenía que lo que hacía era realismo puro, que no había más que una transcripción de experiencias que había vivido o le habían contado o había imaginado”. Qué diferencia con las actuales, donde el “realismo puro” se limita a reciclar experiencias ya televisadas.
Mientras las televisoras sigan creyendo que el público quiere ver la misma historia por enésima vez -solo que con actores diferentes y peor actuación- seguiremos nadando en este mar de mediocridad creativa. Pero hey, al menos siempre sabremos cómo terminará la telenovela: o son felices para siempre o mueren trágicamente. Qué amplitud de posibilidades.
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