El experimento que simula décadas de sequía en la Amazonía revela impactos críticos
En el corazón del Bosque Nacional de Caxiuana, en Brasil, un proyecto científico sin precedentes ha simulado durante 24 años los efectos de una sequía severa en la selva amazónica. Conocido como Esecaflor (Proyecto de Estudio de la Sequía Forestal), esta iniciativa ha proporcionado datos cruciales sobre cómo el cambio climático podría alterar irreversiblemente el ecosistema más biodiverso del planeta. Los resultados, publicados en revistas científicas como Nature Ecology & Evolution, muestran una pérdida del 40% de la biomasa y una transición preocupante: la Amazonía pasó de ser un sumidero de carbono a un emisor neto.
Metodología y hallazgos clave
Para replicar las condiciones de estés hídrico, los investigadores instalaron 6,000 paneles de plástico transparente sobre una hectárea de bosque, desviando el 50% de la lluvia. Una parcela adyacente se mantuvo intacta como control. Instrumentos de medición monitorearon variables como humedad del suelo, crecimiento arbóreo y flujo de savia, mientras radares de la NASA analizaban el agua almacenada en la vegetación. Los datos, procesados en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL), revelaron que, tras ocho años, los árboles más grandes comenzaron a morir, liberando dióxido de carbono a la atmósfera.
Según Lucy Rowland, ecóloga de la Universidad de Exeter, este fenómeno sugiere un punto de inflexión: “La resiliencia inicial del bosque ocultaba vulnerabilidades estructurales”. Aunque la Amazonía no se transformó en sabana —como predecían modelos teóricos—, su capacidad para mitigar el calentamiento global se redujo drásticamente.
Implicaciones globales y próximas etapas
La Amazonía almacena el equivalente a dos años de emisiones globales de carbono, según estudios. Su degradación podría acelerar el cambio climático en un ciclo de retroalimentación peligroso. En noviembre de 2023, los científicos retiraron los paneles para estudiar la recuperación forestal. João de Athaydes, meteorólogo y coautor del estudio, explicó: “Ahora investigamos si el bosque puede regenerarse o si las alteraciones son permanentes”.
Paralelamente, eventos recientes como el fenómeno El Niño (2022-2023) han exacerbado las sequías naturales, causando incendios y la muerte de fauna acuática. Rowland advierte que estos episodios, aunque breves, intensifican la liberación de carbono, coincidiendo con los hallazgos del experimento.
¿Qué sigue? Los equipos continúan analizando el suelo, la fisiología vegetal y los patrones climáticos. La Base Científica Ferreira Penna alberga a investigadores internacionales, destacando la colaboración multidisciplinaria necesaria para entender este ecosistema crítico.
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Foto: Agencia AP.




