La diplomacia intenta calentar los ánimos
Los ministros de Relaciones Exteriores de Ecuador y Colombia se sentaron a hablar este jueves en Panamá. El encuentro ocurre después de semanas de tensión, con acusaciones cruzadas y una guerra de aranceles que ya afecta el comercio bilateral.
Gabriela Sommerfeld (Ecuador) y Rosa Yolanda Villavicencio (Colombia) coincidieron en un foro económico. Aunque sus presidentes también estaban en el país, no hay indicios de que Noboa y Petro se hayan reunido. De hecho, Noboa regresó antes a Quito, sin que se explique el motivo.
Una disputa que escaló rápido
Todo empezó la semana pasada. El presidente ecuatoriano Daniel Noboa lanzó un reproche público: dijo que Colombia no cuida su lado de la frontera, dejando que grupos vinculados al negocio ilegal de drogas operen libremente. También mencionó un déficit comercial de unos 850 millones de dólares con su vecino.
La respuesta fue una escalada rápida. Ecuador subió los impuestos a productos colombianos en un 30%. Colombia hizo lo mismo con decenas de bienes ecuatorianos. Luego, Quito amenazó con dejar de vender energía eléctrica, y Bogotá respondió anunciando un aumento del 900% en la tarifa por transportar su petróleo crudo a través de un oleoducto ecuatoriano.
“El momento en que Colombia cumple su rol, de asegurar su frontera, esto se termina”, dijo John Reimberg, ministro del Interior de Ecuador.
Reimberg, tras reunirse con Noboa, fue claro: “nosotros no producimos droga, el problema viene del vecino país”. Su mensaje fue que Ecuador no puede “estar en una guerra solos”.
Desde el otro lado, la narrativa es distinta. Pedro Sánchez, ministro de Defensa colombiano, aseguró en una entrevista que tienen al menos 11.000 militares desplegados en la zona.
“Articulados también con los Estados Unidos”, afirmó Sánchez, destacando el uso de helicópteros, drones y aviones de inteligencia.
Pero más allá de las cifras y equipos, lanzó una advertencia crucial para ambos lados:
“Si las naciones ‘no encontramos una estrategia común, los criminales son los que están ganando’.”
Ahí está el meollo del asunto. Una frontera de más de 600 kilómetros, porosa y difícil de vigilar, ha sido por años corredor para actividades ilícitas. El tráfico de sustancias prohibidas, la minería irregular y el contrabando encuentran allí un terreno fértil.
El diálogo en Panamá es un primer paso para bajar la temperatura. Pero las declaraciones oficiales son escuetas. La cancillería ecuatoriana solo dijo que existe un diálogo y que Colombia “debe responder” a su posición. No hay detalles públicos sobre las peticiones ni sobre una posible respuesta inmediata.
La pregunta ahora es si las palabras en Panamá serán suficientes para detener una espiral perjudicial para ambas economías y, sobre todo, para la seguridad de quienes viven cerca de esa larga línea divisoria.




