La tensión vuelve a subir
Las palabras del presidente cubano Miguel Díaz-Canel no dejaron lugar a dudas. Respondió con contundencia a las recientes declaraciones de Donald Trump, quien sugirió que podrían tomarse medidas “inminentes” contra la isla.
“Cuba no cederá ante presiones externas”, aseguró el mandatario.
Advirtió que cualquier intento de agresión encontrará resistencia. Es la postura histórica de un gobierno que lleva más de seis décadas defendiendo su soberanía frente a lo que considera una política de hostilidad sostenida desde Washington.
Crisis sobre crisis
Pero esta vez el escenario es diferente. Las tensiones se producen en medio de una tormenta perfecta para la isla: una severa crisis energética y económica que ya está afectando la vida diaria de la gente.
Apagones, escasez, deterioro en las condiciones básicas. La situación se ha visto agravada por las restricciones al suministro de petróleo —medidas estadounidenses y la caída del apoyo venezolano— que han golpeado con fuerza.
Desde el otro lado del estrecho, figuras como Trump y el secretario de Estado Marco Rubio insisten en la necesidad de cambios profundos en el modelo económico cubano. Incluso han dejado entrever la intención de impulsar un relevo en el liderazgo.
Díaz-Canel lo tiene claro: acusa a Estados Unidos de amenazar públicamente con derrocar el orden constitucional. Y lo hace precisamente cuando la crisis económica —que según él ha sido agravada por décadas de sanciones— pone a prueba la resistencia del país.
Es el mismo guión, pero con actores renovados y un contexto mucho más frágil. La pregunta ahora es cuánto más puede soportar la población antes de que esta tensión diplomática tenga consecuencias reales en las calles.




