Cuba admite diálogo con EE.UU. mientras la luz se apaga
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel confirmó este viernes lo que muchos especulaban: su gobierno mantuvo conversaciones recientes con Estados Unidos. No es poca cosa. Es la primera vez que La Habana lo reconoce abiertamente.
“Estas conversaciones han estado orientadas a buscar soluciones por la vía del diálogo a las diferencias bilaterales que tenemos entre las dos naciones”, dijo Díaz-Canel.
Pero aquí está el detalle crucial: el anuncio llega mientras Cuba atraviesa una de sus peores crisis energéticas en años. El timing no es casualidad.
La otra cara de la moneda: oscuridad y leña
Mientras hablaba de diplomacia, Díaz-Canel reveló datos alarmantes. En los últimos tres meses, no ha llegado un solo envío de petróleo a la isla, algo que atribuye directamente a las restricciones estadounidenses.
La semana pasada, un apagón masivo dejó a millones sin electricidad en el occidente del país. El impacto es brutal:
- Cirugías pospuestas para decenas de miles de personas
- Comunicaciones, educación y transporte paralizados
- Más de 115 panaderías reconvertidas para usar leña o carbón
“No ha sido suficiente para cubrir la demanda”, admitió sobre los esfuerzos por generar energía propia, pese a que Cuba produce el 40% de su petróleo.
¿Diálogo real o maniobra por necesidad?
Las palabras del presidente son cuidadosas pero reveladoras. Habla de “identificar problemas bilaterales” y encontrar soluciones “en beneficio de los pueblos”. Incluso menciona “áreas de cooperación”.
Pero cualquier periodista que haya cubierto estas relaciones sabe: cuando Cuba habla públicamente de diálogo con Washington, usualmente es porque necesita algo urgentemente. Y ahora necesita energía desesperadamente.
Mientras tanto, intentan parches: 955 paneles solares instalados en zonas rurales y promesas de añadir 100 megavatios más antes de que termine marzo. Son medidas necesarias, pero insuficientes frente al colapso del sistema.
La pregunta que queda flotando es simple: ¿este diálogo avanzará más allá del intercambio de palabras? La historia sugiere cautela extrema. Pero cuando los hospitales posponen cirugías y las panaderías vuelven al carbón, hasta los escépticos deben preguntarse si esta vez será diferente.




