Beijing busca turistas y negocios con un gesto diplomático
La noticia es clara: a partir de este martes, los ciudadanos del Reino Unido y Canadá ya no necesitarán visado para entrar a China. Pueden quedarse hasta 30 días por turismo, negocios o para ver a la familia. Es un movimiento directo para reactivar el sector.
Pero, como siempre en geopolítica, hay matices. No es una puerta abierta de par en par para todos. Para estadounidenses o indonesios, por ejemplo, el acceso sin papeles solo aplica si están de paso hacia otro país y tienen el billete de salida comprobado. Son 10 días máximo. Las relaciones más complicadas con Beijing siguen teniendo trabas.
“Los trámites de visa para China suelen ser engorrosos y costosos”, reconocen desde el sector empresarial y turístico.
La medida ha sido recibida con alivio por esos grupos. Simplificar la burocracia es la apuesta de China para atraer más visitantes y, sobre todo, más inversión. Con esta jugada, ya son 79 los países que pueden entrar sin visado.
¿Un simple gesto turístico? No exactamente. Esto llega justo después de las visitas oficiales del primer ministro británico, Keir Starmer, y del canadiense Mark Carney. Parece un intento tangible de calentar unas relaciones que llevaban años bastante frías.
El contexto es clave. En los últimos dos años, China ha ido ampliando esta lista progresivamente: primero a la mayoría de europeos, luego a países selectos de Latinoamérica, Sudeste Asiático y Oriente Medio. Es una estrategia calculada.
Eso sí, hay una fecha límite: este acceso libre vence a finales de año para la mayoría de países. Beijing lo está probando. La extensión dependerá de cuánta gente llegue realmente y del impacto económico que genere.
Así que no es un regalo eterno. Es una prueba piloto a gran escala. Un experimento diplomático con claros intereses económicos detrás. Veremos si los viajeros responden.




