Un regreso simbólico a las tradiciones en Tierra Santa
Miles de personas confluyeron en la Plaza del Pesebre en Belén durante la víspera de la Natividad, en un acto colectivo que buscaba reavivar el espíritu festivo tras un prolongado periodo de conflicto. El emblemático árbol navideño, ausente durante los años de la guerra entre Israel y Hamás, fue reinstalado, marcando un punto de inflexión simbólico. La localidad, venerada como el lugar de nacimiento de Jesucristo, había suprimido sus celebraciones públicas los dos años anteriores. En aquel entonces, la plaza central presentaba una escena del Nacimiento rodeada de escombros y alambre de espino, una instalación artística que servía como potente denuncia y homenaje a la situación humanitaria en la Franja de Gaza.
El inicio de las ceremonias de este año estuvo presidido por el cardenal Pierbattista Pizzaballa, máxima autoridad católica en Tierra Santa, durante la tradicional procesión desde Jerusalén. En su discurso, convocó a una “Navidad llena de luz“. Al llegar al epicentro de los festejos, Pizzaballa transmitió los saludos de la reducida y golpeada comunidad cristiana de Gaza, donde había oficiado una <strong<misa de vigilia el domingo previo. Allí, testimoniando la devastación, también percibió una firme voluntad de reconstrucción y resiliencia. “Nosotros, todos juntos, decidimos ser la luz, y la luz de Belén es la luz del mundo“, proclamó ante una multitud conformada por fieles cristianos y musulmanes.
El contraste entre la festividad y una realidad económica crítica
Pese al ambiente de regocijo, el impacto socioeconómico del conflicto en Cisjordania, territorio bajo ocupación israelí, se mantiene severo. En Belén, según datos del gobierno local, aproximadamente el 80% de sus residentes, de mayoría musulmana, dependen directa o indirectamente de la industria del turismo y la peregrinación. La gran mayoría de los asistentes a las celebraciones eran habitantes locales, con una presencia aún muy limitada de visitantes internacionales. No obstante, algunos residentes comenzaban a observar indicios de cambio conforme el flujo de turistas retorna de manera gradual y cautelosa.
“Hoy es un día de alegría, un día de esperanza, el comienzo del regreso a la vida normal aquí”, expresó Georgette Jackaman, residente y guía turística de la ciudad. Ella y su esposo, Michael, también guía, pertenecen a familias cristianas con raíces generacionales en Belén. Para sus dos hijos pequeños, esta constituyó la primera celebración navideña plena que experimentan. Durante el periodo más crítico del conflicto, la familia Jackaman canalizó sus esfuerzos hacia la creación de un portal digital para comercializar artesanía palestina, una iniciativa para sostener a otros profesionales del sector que habían perdido su sustento. El desempleo en la ciudad escaló del 14% a un impactante 65%, según reveló el alcalde, Maher Nicola Canawati, a principios de diciembre.
La visita de Mona Riewer, una turista procedente de Francia, encapsula este tímido retorno. A pesar de las advertencias por la situación volátil, decidió viajar para comprender de primera mano la realidad palestina. “Se puede sentir que la gente ha pasado por un momento muy difícil”, afirmó, añadiendo que su experiencia en Belén le permitió apreciar en profundidad el significado de la festividad: “La Navidad es como la esperanza en situaciones muy oscuras“.
Resiliencia comunitaria y desafíos persistentes
Aunque un alto el fuego está vigente en Gaza desde octubre, las tensiones en Cisjordania permanecen elevadas. El ejército israelí continúa realizando incursiones en lo que define como una campaña contra grupos militantes. Paralelamente, los ataques de colonos israelíes contra civiles palestinos han alcanzado cifras récord. Este contexto acelera una tendencia preocupante: la emigración. Unas 4.000 personas han abandonado Belén en busca de oportunidades laborales, según el alcalde. Este fenómeno afecta particularmente a la población cristiana, que ya representa menos del 2% de los residentes en Cisjordania.
Un símbolo potente de la recuperación de las tradiciones fue el desfile de bandas de scouts. Fadi Zoughbi, antiguo gestor de logística turística, relató la emoción de sus hijos al verlos marchar nuevamente con música, tras dos años de protestas silenciosas. Estos grupos, con sus banderas palestinas y gaitas adornadas con tartán, representan a ciudades de toda la región. Para Irene Kirmiz, oriunda de Belén, el desfile es una tradición esencial, aunque ahora empañada por la logística de la ocupación: su familia, para asistir desde Ramallah, debió sortear puestos de control israelíes durante más de tres horas, un trayecto que antes tomaba 40 minutos. “Es muy emotivo ver a la gente tratando de recuperarse, tratando de celebrar la paz y el amor“, concluyó.
Este resurgir festivo en Belén se enmarca en un mosaico más amplio de resiliencia religiosa en la región, desde el regreso del desfile navideño en Nazaret hasta las misas en una iglesia ortodoxa griega en las afueras de Damasco, Siria, escenario de un mortífero ataque suicida en junio. La celebración, por tanto, trasciende lo meramente festivo para convertirse en un acto de firmeza comunitaria y un llamado a la esperanza en medio de la adversidad.
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