Argentina da un paso inesperado contra el narco
El gobierno de Javier Milei acaba de meter al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en su lista oficial de organizaciones terroristas. No es una medida simbólica. Es un movimiento que copia la hoja de ruta de Washington y que tiene dientes.
La decisión salió de una mesa donde se sentaron Cancillería, Seguridad, Justicia y la temida Secretaría de Inteligencia del Estado. Todos firmaron. Esto no es un comunicado de prensa más.
¿Y esto qué significa en la práctica?
Significa que el CJNG ya no es solo un ‘grupo criminal’ para Argentina. Ahora es una entidad terrorista. Eso lo mete en el Registro Público especial, el mismo donde figuran células yihadistas.
La justificación oficial apunta a sus actividades ilícitas transnacionales y, lo más grave, a sus vínculos con otras organizaciones terroristas. No dan nombres, pero la insinuación es clara y pesada.
“La incorporación del cártel al Registro… habilita a las autoridades argentinas a aplicar sanciones financieras y restricciones operativas contra sus integrantes.”
Traducción: pueden congelar cuentas, rastrear movimientos de dinero y limitar cualquier operación del cártel en suelo argentino. Es una herramienta legal poderosa.
El contexto que muchos van a pasar por alto: Argentina sigue así los pasos de Estados Unidos, que ya había catalogado al CJNG de la misma manera. Es una alineación estratégica en política exterior y seguridad. Un guiño claro a Washington.
La pregunta que queda flotando es: ¿hay una presencia operativa real del CJNG en Argentina que justifique esto, o es un movimiento geopolítico para ganar favores? La historia sugiere que suele ser una mezcla de ambas cosas.




