La nueva fiebre atómica del Sudeste Asiático
Mira, esto es interesante. Mientras todos hablan de energías renovables, el Sudeste Asiático está mirando hacia otro lado. Un lado muy concreto: el átomo. Países como Vietnam, Tailandia o Indonesia están desempolvando viejos planes nucleares o trazando otros nuevos.
¿La razón? Una combinación explosiva. Por un lado, la demanda eléctrica se va a disparar en los próximos años. Por otro, hay un nuevo jugador hambriento de energía: la inteligencia artificial.
Los centros de datos que alimentan esta tecnología consumen cantidades brutales de electricidad. Y la región quiere ser un hub tecnológico. Necesitan una fuente de energía constante, masiva y que no dependa del sol o del viento.
Los planes sobre la mesa
Vietnam ya ha movido ficha. Ha firmado acuerdos con Rusia para construir dos plantas nucleares y ha cambiado sus leyes energéticas para dar luz verde a proyectos “estratégicos”. Es un giro importante.
Indonesia va por otro camino. En lugar de plantas gigantes, planea instalar pequeños reactores modulares para 2034. Son como centrales nucleares en versión compacta, supuestamente más seguras y flexibles.
Tailandia no se queda atrás. Su objetivo es tener 600 megavatios de capacidad nuclear operativa para 2037.
Si todos estos planes se materializan, casi la mitad del Sudeste Asiático podría tener energía nuclear en la próxima década. Es un cambio radical en el mapa energético global.
Lo que está claro es que la ecuación ha cambiado. La presión por descarbonizar choca con la necesidad real de alimentar el crecimiento económico y tecnológico. Y para algunos gobiernos, el átomo parece ser la única respuesta lo suficientemente potente.




