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Espectáculos

Bad Bunny enciende los Grammy con discurso político

El artista usó su triunfo para lanzar un mensaje contra políticas migratorias, desatando una fuerte reacción del actor Eduardo Verástegui.

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El ‘Conejo Malo’ no solo ganó, también habló claro

La noche de los Grammy 2026 tenía un ganador claro: Bad Bunny. Se llevó a casa el premio al Álbum del Año y al Mejor Álbum de Música Urbana. Pero lo que realmente hizo que todos hablaran fue lo que pasó después.

En lugar de un discurso de agradecimiento típico, Benito Antonio Martínez Ocasio —su nombre real— tomó el micrófono y soltó esto:

“Antes de agradecer a Dios. Quiero decir: ICE fuera. No somos salvajes, no somos animales… somos americanos también”.

Un mensaje directo contra el Servicio de Migración (ICE) y las políticas migratorias. En menos de un minuto, transformó la alfombra roja en una plataforma política. Y claro, las redes sociales explotaron.

La respuesta que nadie esperaba (bueno, quizás sí)

Entre todas las reacciones, una destacó por su intensidad. La del actor y productor mexicano Eduardo Verástegui. No se mordió la lengua.

En una serie de publicaciones, arremetió contra el artista. Primero cuestionó la calidad de la música premiada hoy versus antes.

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Luego fue directo al mensaje del escenario: “Este personaje afirma que no somos animales, pero se comporta como tal”, escribió. Para Verástegui, existe una contradicción entre el discurso y el contenido de las canciones.

Pero donde realmente subió la temperatura fue en su segunda publicación. Calificó la música de Bad Bunny sin rodeos:

“BASURA TÓXICA. Una cosa es música y otra muy distinta es ruido… Eso ya no es una cuestión de gustos: es objetivamente basura. Y sí, estoy hablando del Conejito Malo”.

El choque era casi inevitable si miramos los antecedentes. En los últimos años, Bad Bunny ha sido un crítico vocal de Donald Trump. Verástegui, por otro lado, ha expresado públicamente su apoyo al exmandatario.

Lo que empezó como una noche de premios terminó siendo otra batalla cultural en la guerra eterna por el significado del arte, la política y quién tiene derecho a hablar.

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Espectáculos

Lorde suma su voz y su dinero contra las políticas migratorias

La cantante dona más de 200 mil dólares y se une al coro de voces que piden el fin de las redadas y deportaciones.

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La artista neozelandesa no se quedó solo en el posteo

Lorde acaba de hacer lo que muchos artistas prometen pero pocos concretan: pasar del gesto simbólico a la acción directa. En sus redes, compartió una foto con “ICE out” tatuado (bueno, escrito) en su mano, pero lo importante vino después.

“Estoy donando lo recaudado por la venta de mercancía en Minneapolis (204 mil dólares) al Comité de Acción por los Derechos de los Inmigrantes de Minnesota y a la Red de Defensa de Inmigrantes”

Doscientas cuatro mil dólares. No es un cheque simbólico. Es dinero real que irá a organizaciones que hacen trabajo legal y social con personas que enfrentan detención o deportación. En un momento donde el discurso público sobre migración está más polarizado que nunca, esta movida habla más fuerte que cualquier declaración preparada.

Se une a un coro cada vez más amplio

La intérprete de “Royals” se suma a una lista creciente: Mark Ruffalo, Justin Bieber, Lady Gaga, Jimmy Kimmel y, más recientemente, Billie Eilish y Bad Bunny. Todos han usado su plataforma para criticar las políticas migratorias actuales y las acciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas.

Lo interesante aquí es la evolución del activismo celebridad. Ya no basta con un tweet indignado o una frase en una alfombra roja. El público, especialmente el más joven, espera compromiso tangible. Lorde entendió la tarea.

Mientras algunos podrían decir “¿qué sabe una chica de Nueva Zelanda?”, la realidad es que la migración es un tema global. Y cuando artistas con su alcance ponen recursos sobre la mesa, el mensaje atraviesa fronteras. Literalmente.

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Ahora toca ver si otros seguirán el ejemplo o si esto quedará como otro gesto aislado en el feed infinito del activismo digital.

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Espectáculos

Gabriela Ortiz triunfa en los Grammy con su música sinfónica

La compositora mexicana Gabriela Ortiz gana dos Grammy, llevando la música académica mexicana al escenario mundial.

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El Grammy que suena a México

La escena de los premios Grammy 2026 tenía un acento inconfundible: el de Gabriela Ortiz. La compositora mexicana no solo asistió, se robó el show en la categoría clásica con dos estatuillas doradas.

Su obra “Dzonot” ganó como Mejor Composición Clásica Contemporánea, mientras que “Yanga” se llevó el premio al Mejor Compendio. Ambas piezas, interpretadas por nada menos que la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles dirigida por Gustavo Dudamel.

“Gabriela es una de las compositoras más talentosas del mundo (no solo en México, no solo en nuestro continente) en el mundo”, declaró Dudamel.

De Los Folkloristas a la Filarmónica de Berlín

Ortiz creció entre música -sus padres eran parte del grupo Los Folkloristas- pero su camino la llevó del charango a las salas de concierto más prestigiosas del planeta. Estudió con leyendas como Mario Lavista antes de perfeccionar su técnica en Londres.

Lo que hace especial su música es esa mezcla: lo técnico y lo expresivo, lo tradicional mexicano y lo contemporáneo global. Como ella misma ha demostrado desde su cátedra en la UNAM, donde forma a la siguiente generación de compositores.

Su triunfo en los Grammy no es solo personal. Es un reconocimiento a décadas de trabajo que coloca a la música académica mexicana en el mapa mundial. Y lo hace sin perder su esencia, dialogando entre la tradición sonora nacional y los lenguajes sinfónicos actuales.

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Mientras sus obras resuenan desde Berlín hasta Nueva York, Ortiz sigue siendo esa profesora que demuestra que el talento mexicano tiene algo único que decir. Y ahora, con dos Grammys sobre el piano, el mundo finalmente está escuchando.

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Espectáculos

Billie Eilish convierte los Grammy en protesta contra ICE

La cantante usó su discurso de aceptación para lanzar un potente mensaje contra las políticas de inmigración, generando polémica.

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El escándalo que nadie vio venir

Billie Eilish no fue a los Grammy solo por un trofeo. La cantante transformó su momento de gloria en una protesta directa contra el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE). Y lo hizo con palabras que resonaron más fuerte que cualquier nota musical.

Mientras recibía el premio a Mejor Canción del Año por “Wildflower”, Eilish dejó claro que tenía algo más importante que decir. “Nadie es ilegal en tierra robada”, declaró, retomando un lema usado en manifestaciones. Pero no se quedó ahí.

“Las voces y las personas importan”, añadió, instando al público a no guardar silencio.

El broche de oro—o más bien, el golpe final—fue un contundente “Fuck ICE” que dejó a medio auditorio sin aire. Llevaba además un pin con la leyenda “Ice out”. El mensaje era claro como el agua: este no era solo otro discurso de agradecimiento.

La reacción conservadora (y predecible)

Como era de esperar, las redes sociales explotaron. Entre los más molestos estaba el actor Rob Schneider, conocido por su apoyo abierto a Donald Trump. No perdió tiempo en tachar el mensaje de “incongruente”.

“¡Su sauna, su piscina y su cerca de alambre de púas están en tierra robada!”, escribió Schneider junto a una foto de lo que sería una propiedad de lujo de Eilish.

Incluso sugirió—con esa ironía conservadora tan característica—que la artista devolviera la mansión a agentes inmobiliarios. Como si vivir en Estados Unidos fuera incompatible con criticar sus políticas.

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Schneider también compartió un video viral donde una influencer mostraba apoyo a las fuerzas del orden durante los aplausos contra ICE. Su frase acompañante: “Apoyo a TODAS nuestras fuerzas del orden”. El guiño político era tan sutil como un martillo.

Más allá del escándalo momentáneo

Lo interesante aquí no es solo la protesta en sí, sino lo que representa. Billie Eilish, con 23 años y toda una generación mirándola, usó la plataforma más grande de la música para hablar de algo incómodo. En una industria que suele preferir discursos vacíos sobre amor y paz.

Su valentía—o temeridad, según quién opine—ha reabierto el debate sobre qué papel deben jugar los artistas en temas sociales. ¿Es su responsabilidad alzar la voz? ¿O deberían limitarse a entretener?

Mientras Schneider y otros critican desde la comodidad de sus cuentas verificadas, Eilish puso su carrera—y probablemente futuras invitaciones—en la línea por una causa. En tiempos donde muchos celebrities solo publican selfies cuidadosamente editadas, eso tiene mérito.

Al final del día, más allá de si estás de acuerdo o no con su mensaje, una cosa es clara: Billie Eilish demostró que los premios pueden ser algo más que vestidos caros y sonrisas forzadas. A veces pueden ser un megáfono.

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