La crisis energética en Cuba está dejando al sector agrícola contra las cuerdas. Productores como Eduardo Obiols Sobredo lo viven en carne propia: la escasez de combustible, endurecida por las restricciones del gobierno de Donald Trump, ha detenido tractores, limitado el riego y complicado que la comida llegue a los mercados.
En Las Minas, la falta de gasolina obligó a los agricultores a regresar a métodos de antaño. Bueyes y trabajo manual son el pan de cada día. Pero no alcanza: solo hay 18 animales para decenas de productores. Resultado: cosechas perdidas de tomates, yuca y sorgo, justo cuando más se necesita.
El golpe directo al bolsillo
La menor oferta de frutas y verduras disparó los precios. En La Habana, los consumidores se topan con productos de baja calidad y tienen que elegir entre pan o papas. No hay para más.
“Antes podíamos comprar algo variado, ahora es un lujo tener una ensalada completa”, comenta una vecina del Cerro.
Detrás del desabastecimiento
La interrupción del suministro petrolero—por sanciones de EE.UU. a Venezuela—es clave. A eso se suman apagones constantes y falta de agua que rompen toda la cadena: desde alimentar al ganado hasta conservar lo que se cosecha. El desperdicio crece mientras las familias aprietan el cinturón.
Esto no es nuevo para quienes seguimos la región. Pero duele ver cómo promesas diplomáticas chocan con realidades cotidianas.




