La calificadora S&P Global Ratings movió las fichas otra vez. Y no pinta bien para las joyas de la corona energética del país.
Este miércoles, la agencia cambió la perspectiva de Pemex y CFE de estable a negativa. ¿La razón? Un reflejo directo del mismo ajuste que le aplicó a México el martes. Es como cuando baja la calificación del jefe de familia y todos en casa sienten el apretón.
¿Qué hay detrás de este movimiento?
S&P lo dice claro: hay riesgo de que la consolidación fiscal sea más lenta de lo esperado. En un escenario de bajo crecimiento económico, mayor presión sobre la deuda pública y una carga de intereses que no da tregua, el apoyo fiscal continuo a estas empresas estatales se vuelve un lastre.
“El apoyo fiscal continuo hacia Pemex y CFE podría incrementar la rigidez de las finanzas públicas mexicanas”, advirtió la firma.
Pemex: el paciente que no se recupera
Para Pemex, la agencia mantiene la idea de que el respaldo gubernamental es “casi seguro”. Y con razón: entre 2019 y 2025, la petrolera recibió unos 69 mil 800 millones de dólares en apoyos. Pero eso no es suficiente para tapar sus problemas de fondo.
El perfil crediticio individual de Pemex sigue en “ccc+”. S&P lo describe como una estructura de capital insostenible, con baja liquidez y un apalancamiento por las nubes. La perspectiva negativa también se extendió a subsidiarias como Deer Park Refining LP.
CFE: el monopolio bajo la lupa
En el caso de la Comisión Federal de Electricidad, S&P reconoce su relevancia estratégica. Es la única empresa autorizada para transmitir y distribuir electricidad en el país. Pero eso no la salva del ajuste.
La perspectiva negativa alcanzó a CFE International LLC y CFE Fibra E. La agencia advierte que en los próximos 12 a 24 meses podría bajarles la nota si hace lo mismo con la calificación soberana de México.
El fondo del asunto
Esto no es solo un número en un papel. Detrás de esta decisión hay una señal clara: las finanzas públicas están más rígidas que nunca. Y mientras Pemex y CFE sigan siendo el salvavidas del gobierno, el riesgo para todos crece. La pregunta es: ¿hasta cuándo podrá el Estado sostener este peso sin que se rompa la cuerda?




