Un dron que no volaba, pero sí amenazaba
El gobierno griego no se anda con rodeos: el hallazgo de un dron marítimo militar cargado con explosivos en la isla de Lefkada es “extremadamente serio”. No es para menos. El ministro de Defensa, Nikos Dendias, lo dejó claro: esto pone en jaque la seguridad y la libertad de navegación en el Mediterráneo.
Lo que pasó en esa cueva
Un pescador se llevó la sorpresa el 7 de mayo. Dentro de una cueva costera, el dispositivo flotaba como un mal presagio. Lo remolcó hasta el puerto más cercano. Al día siguiente, los militares se lo llevaron a una base naval. Allí, los explosivos fueron destruidos de forma controlada. Fin del peligro inmediato, pero no de las preguntas.
¿De quién era? ¿Qué hacía ahí?
Aquí viene lo turbio. Grecia no ha soltado prenda sobre el origen del dron. Pero en el Mediterráneo, los movimientos extraños no son novedad. Desde la tensión con Turquía por los recursos energéticos hasta la inestabilidad en Libia, cualquier artefacto militar fuera de lugar enciende alarmas. Dendias no dio nombres, pero su tono dejó entrever que esto no fue un accidente.
La historia se repite
Si algo he aprendido en estos años cubriendo conflictos, es que los drones no son solo cosa del cielo. Los marítimos son el nuevo dolor de cabeza. Ya los vimos en el Mar Negro, en el Golfo Pérsico. Ahora, en el Jónico. Cada vez que un pescador encuentra un juguete bélico, es porque alguien lo perdió—o lo dejó ahí a propósito. Y eso siempre es una mala señal para los que vivimos en la región.
“Representa una amenaza para la seguridad y la libertad de navegación en el Mediterráneo”, declaró Nikos Dendias.
Las autoridades siguen investigando. Pero mientras tanto, los griegos en las islas miran al mar con otros ojos. Y yo, desde mi escritorio, no puedo evitar preguntarme: ¿cuántos más de estos artefactos están flotando, esperando ser encontrados?




