¡Qué manera de cerrar un torneo!
Ben Shelton acaba de dar una lección magistral de tenis y, sobre todo, de carácter. En la final del Dallas Open, el joven zurdo salvó tres puntos de partido ante Taylor Fritz, el primer preclasificado y séptimo del mundo, para llevarse el título en tres sets (3-6, 6-3, 7-5).
Fritz empezó arrasando con su servicio. Ganó 12 de sus primeros 13 puntos con el saque y quebró a Shelton en su primer juego. Parecía que la experiencia del campeón de la ATP se impondría.
Pero aquí es donde se ve la fibra de un competidor. Shelton no se vino abajo. Dio vuelta el partido al final del segundo set y volvió a quebrar al inicio del tercero.
La tensión llegó al máximo cuando Fritz, arriba 5-4 en el set decisivo, tuvo tres oportunidades para cerrar el encuentro. El partido estaba en sus manos.
Shelton llegó a iguales con un remate por encima de la cabeza desde la red y un ganador de revés que sorprendió a Fritz.
Esa secuencia fue pura mentalidad ganadora. En lugar de defenderse, atacó con golpes decisivos. Luego, con el marcador igualado a 5-5, tuvo tres oportunidades propias para cerrar el duelo.
Fritz salvó dos, pero no pudo con la tercera. Así se escribe una remontada épica.
Un campeón que crece ante la presión
Con esta victoria, Shelton mejora su récord a 4-0 en finales de la ATP. Derrotó al mejor clasificado del torneo tras haber caído en cuartos del Abierto de Australia hace solo un mes.
Lo más valioso no es solo el trofeo. Es demostrar que puede superar momentos críticos contra rivales de élite. Eso es lo que separa a los buenos jugadores de los grandes campeones.
Shelton no ganó solo con talento físico. Ganó con temple, inteligencia táctica y esa hambre que no se enseña en ningún circuito de entrenamiento.




