Ah, la Fórmula E. Esa categoría donde los autos zumban como secadores de pelo gigantes y donde, aparentemente, salvar el planeta es tan importante como ganar la pole position. Reemplazar la gasolina por enchufes suena bien, ¿no? Pero claro, eso sería demasiado simple. Los organizadores no se conforman con solo no contaminar el aire mientras corren; tienen que dejar una huella social más profunda que un neumático en mojado. Porque, ¿de qué sirve ser verde si no lo gritas a los cuatro vientos?
El circo eléctrico y su kit de buenas acciones
Entonces, ¿cómo contribuye este serial a la sostenibilidad social? Bueno, prepara tu taza de café de comercio justo. El evento funciona con energía 100% renovable, usando algo llamado Aceite Vegetal Hidrogenado (HVO). Sí, leíste bien: aceite vegetal. Básicamente, es como si las carreras fueran alimentadas por una freidora gigante y ética. Esto reduce emisiones hasta en un 90%, lo cual es genial, aunque uno se pregunta cuánta energía se gasta en explicarle al público qué diablos es el HVO.
Luego está el Better Futures Fund, que suena a algo que inventaría un superhéroe millonario. Este fondo renueva su apoyo a “El Caracol” en la Ciudad de México, donando 25 mil euros para prevenir violencia y proteger menores. Una causa noble, sin duda. Pero es irónico pensar que un deporte asociado históricamente al lujo y la velocidad ahora financia “rutas educativas alternativas”. ¿Las próximas becas serán para pilotos que prefieran ir despacio?
Comunidad, cáncer y chicas en el pit lane
La vinculación comunitaria no se detiene ahí. La Fórmula E también colabora desde hace años con “Con Ganas de Vivir” para combatir el cáncer. Porque nada dice “esperanza” como el rugido silencioso de un motor eléctrico. Además, hay programas STEM para jóvenes, porque ¿qué mejor manera de inspirar a futuros ingenieros que mostrándoles coches que no suenan como coches?
El Community Tour recibió hasta 400 participantes, incluyendo beneficiarios de estos fondos y estudiantes universitarios. Imagina la escena: un grupo caminando por el pit lane, accediendo a zonas de gaming y viendo la Práctica Libre 1. Es como un día de campo, pero con más neumáticos y menos césped.
Y no olvidemos el apoyo a las mujeres: 120 jóvenes en el programa FIA Girls on Track, con talleres y charlas para fomentar el empoderamiento en automovilismo e ingeniería. Se repartieron 240 boletos gratuitos para las participantes y 800 más para las no seleccionadas. Porque nada dice igualdad como una lista de espera masiva.
A nivel global, la Fórmula E reduce sus emisiones logísticas optimizando operaciones: de tres aviones a dos y usando más transporte marítimo. O sea, ahora contaminan menos… pero más lento. Un progreso digno de una tortuga ecológica.
En resumen, la Fórmula E en México es un espectáculo curioso: autos eléctricos corriendo en círculos mientras intentan arreglar problemas sociales profundos. Quizás sea un buen recordatorio de que incluso los deportes más glamorosos pueden tener una pizca de conciencia… o al menos una buena campaña de relaciones públicas.
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